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DAVID LAVILLA
Lunes, 28 de Noviembre de 2022

La bandera y el colegio

Han mandado a su casa a una clase entera de primero de bachillerato por apoyar -supuestamente- a la selección en el mundial de Catar. La muchachada, con consentimiento de su tutor, había colgado una bandera de España en el aula hasta que su profesora de catalán les expulsó.

 
No se sabe si por profesar un amor exacerbado a la madre patria, o por gustarles demasiado el fútbol, o por ser malos estudiantes, o porque la maestra se había levantado ese día con la zurda, pero el caso es que se ha liado parda y el propio colegio ha abierto un proceso de investigación interno para conocer los hechos de primera mano.
 
No obstante, el mal reputacional ya está hecho y el colegio va a tener que dar la vuelta a un partido que se antoja feo, trabado y que a día de hoy se les ha puesto muy cuesta arriba. Sobre todo porque ahora el politiqueo va a tener una buena excusa para rearbitrar unos hechos que en otro tiempo se hubieran quedado en la caseta.
 
Y es que el mundo de las redes sociales es lo que tiene. Igual te ponen un piso, que te lo ‘okupan’. Lo mismo te posicionan la marca en todo lo alto con un par de tuits y un ‘hashtag’ molón, que te la destruyen con un simple comentario. De igual forma te puedes encumbrar como la selección española con un par de partidos medio decentes, que te diluyes como un azucarillo entre una maraña de críticas del mundo del postureo.
 
No obstante, lo bueno que tiene todo este jaleo es que seguro que se va a arreglar muy pronto por la cuenta que le tiene al colegio. Lo malo es que nunca conoceremos los verdaderos hechos. Es decir, que no sabremos a ciencia cierta si la profesora tuvo un mal día -como lo podemos tener cualquiera en nuestro trabajo,- o si los alumnos realmente montaron un pollo dentro de la clase izando la rojigualda, o si a los papás y a las mamás de turno se la jugaron sus propios polluelos con un clamoroso ‘troleo’ echando la culpa de sus pillerías a sus pobres profesores. 
 
Lo que sí parece claro es que, en primer lugar, los centros educativos deberían cuidar mejor su comunicación externa porque cualquier cosa hecha o dicha puede terminar siendo una bomba para una empresa y una buena oportunidad para que el político de turno empiece a repartir estopa y le dé duro al juego sucio. En segundo lugar, convendría reconocer que todos hemos de estar precavidos (padres, alumnos y profesores) porque el partido ya no se juega solo en el recreo, sino que virtualmente ya hay un tercer tiempo con o sin metaverso. Y, por último, pero no menos importante, es que es muy urgente que empecemos a tener claro que donde se plante una bandera de España tristemente va a ser motivo de polémica para ponernos a favor o en contra de los hechos. Y nos va a dar lo mismo si el partido se juega en un aula, en casa o en el patio del colegio.
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