En parecidos términos se expresa Ángeles Álvarez, que fue portavoz de Igualdad, o Amelia Valcárcel, miembro del Consejo de Estado y destacada intelectual socialista. Suyas son estas palabras de alerta: "Es una de las leyes más peligrosas que se han llevado al Parlamento por su contenido sumamente peligroso porque ataca a la infancia en sus cuerpos, a las mujeres en sus derechos y porque quiere destruir la clave de bóveda de la sociedad abierta que es la libertad de expresión". Valcárcel añade que la ley es una norma arcaica y malvada frente a la que habría que resistirse "con uñas y dientes"
No son las únicas voces afines al PSOE las que llaman a la reflexión antes aprobar una ley que podría inducir a niños y adolescentes a someterse a castraciones o tratamientos hormonales, cambios que pueden ser irreversibles. El solo hecho de que el proyecto haya dado pie a una áspera polémica y no sólo entre las filas socialistas -el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha comprometido a derogarla caso de llegar al poder- debería ser un motivo añadido para permitir un debate en el Congreso y debatir enmiendas.
Pero no parece que las cosas vayan a rodar por esa vía. Desde el Ministerio de Igualdad que dirige Irene Montero reclaman que el proyecto se apruebe por el trámite de urgencia, sin debate ni enmiendas. Tienen prisa y le están echando un pulso a Pedro Sánchez en vísperas de la tramitación de los Presupuestos. La facción morada del Gobierno le ha recordado a Sánchez que la Ley Trans formaba parte de los acuerdos que firmaron cuando pactaron apoyar la investidura. Hasta la vicepresidenta Yolanda Díaz, por lo general tan meliflua en sus pronunciamientos, ha dicho que este asunto supone una "línea roja".
Sabido que Sánchez solo vela por los intereses de Sánchez todo indica que en esta ocasión Podemos puede salirse con la suya porque nadie espera que, pese a las voces que advierten acerca del carácter dañino de la ley el grueso del Grupo Parlamentario Socialista se atreva a votar en contra. A lo sumo, tal vez se produzca algún voto testimonial. Malos tiempos estos en los que el sectarismo se impone al sentido común.
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