Tampoco se inmuta con el hecho de que, gracias a la inflación que padecemos todos y que afecta más duramente a los más débiles, las arcas públicas estén a rebosar y la recaudación extraordinaria pueda llegar a más de 30.000 millones a finales de este 2022. La lista de víctimas es increíble, ya que en realidad nadie va a quedar fuera del radar de los tentáculos de Hacienda. Basten algunos ejemplos sobre su voracidad recaudatoria, que queda evidente al comprobar que se va a dedicar 5 veces más a subir impuestos que a rebajas o ayudas.
Por ejemplo, la entrada en vigor del nuevo sistema de cotización de los autónomos que ahora será por los ingresos reales supone 600 millones de euros, el aumento en un 50% de la plusvalía municipal, la clase media aportara el 60% de la recaudación extra del IRPF, las bases máximas de cotización a la Seguridad Social subirán con el IPC y se les aplicará un recargo, se actualizará el valor catastral de más de 800.000 inmuebles, entra en vigor el Impuesto a las bebidas azucaradas, suben el Impuesto a las matriculaciones de vehículos, las primas de seguros pasan del 6% al 8% y rematamos con el hecho de que no deflactar la tarifa del IRPF supondrá unos 800 euros más de impuestos por hogar.
Esta sangría de miles de millones se logra a costa de exprimir salarios y patrimonios y de aprovecharse de una subida de los precios que empobrece a hogares y empresas. Parece que el gobierno ha decidido que en lugar de aliviar el día a día de los ciudadanos va a atesorar esa recaudación extraordinaria para que Pedro Sánchez vaya dopado a las elecciones, repartirlo a su antojo e intentar permanecer en La Moncloa cuatro años más.
De momento, ya ha decidido repartir una paga extra a los empleados públicos, que además verán subir su salario como sólo lo conseguirán el 11% de los trabajadores, subir las pensiones al menos un 8,5%, aumentar un 4% el sueldo de los miembros del Gobierno, extender la bonificación del abono transporte y algunos cheques como el de 100 euros por maternidad. Veremos qué ocurre en los próximos meses si la economía y el empleo se caen, no hay consumo ni inversión, Bruselas reacciona ante tal desmadre o las elecciones de mayo entierran los deseos de Sánchez.
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