Suben los precios de todo -alimentos, combustibles, hipotecas-, pero apenas se mueven los salarios. La última medición sitúa la inflación en España en agosto en el 10,5% y la acumulada está en el 6,1%. Vamos mal y los expertos apuntan a que esta situación puede prolongarse hasta el año que viene y aún más. Es de lejos el principal problema que tiene planteado ahora mismo España. No es exclusivo de nuestro país, pero a nuestros vecinos les aprieta menos.
Frente a este estado de verdadera emergencia cotidiana para muchas familias que están empezando a pasarlo mal, los poderes públicos anuncian diversas medidas. Ayudas a colectivos vulnerables, rebaja de algunos tramos de impuestos a determinados productos (IVA,IRPF), viajes gratis en tren o hasta ocurrencias como la cesta de productos topados que propone la vicepresidenta Yolanda Díaz a la que se oponen algunas asociaciones de productores y pequeños comerciantes y dentro del Gabinete el ministro de Agricultura y Pesca.
Son intentos de aportar alguna solución, pero a la vista de que la inflación sigue disparada y que roza el doble de la media europea, cabe peguntarse si no es hora de aparcar la batalla partidista y pedir a los dirigentes políticos -de todos los partidos o al menos de los dos mayoritarios- que formen un equipo de expertos, escogidos entre los mejores, y ponerles a trabajar en propuestas capaces de aportar alguna solución eficaz a corto y medio plazo.
Quienes vivimos la Transición recordamos lo que fueron los famosos Pactos de la Moncloa que se firmaron tras la celebración de las primeras elecciones democráticas. España sufría por aquel entonces una inflación desorbitada: en 1976 había llegado al 19% y amenazaba con llegar al 30% en 1977. Se implicaron todos. Gobierno, partidos políticos, sindicatos, empresarios, comunidades autónomas y ayuntamientos. Se acordaron medidas políticas y económicas que ahora serían otras porque la España de hoy no es la misma que la de entonces, pero los acuerdos y el marco conceptual -por consenso- contribuyeron a darle la vuelta a la situación. Los Pactos de La Moncloa tenían también un componente político que hoy está resuelto porque la Constitución ampara las libertades y el pluralismo, por eso ahora se trata de centrar la mirada en la situación económica.
No puede ser que en este escenario en el que el coste de la vida resulta inasumible, los políticos vayan a la suyo y no a lo que nos afecta a todos. Es hora de exigirles que pacten. Un pacto como aquellos de La Moncloa.
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