En un debate agrio en el que habló más de dos horas mientras Feijóo apenas tuvo media, Sánchez se dedicó a desacreditar al presidente del PP llegando a decir que carecía de todo. Fue tan lejos en esa deriva que olvidó que el debate estaba convocado para analizar la crisis energética y sus consecuencias en orden al desorbitado incremento de los precios de los alimentos, los carburantes y la luz. Todo su afán se centró en embarrar la figura de su oponente.
La acritud de Sánchez contrastó y mucho con la serenidad expositiva de Feijóo. Olvidando que todo exceso conduce a su contrario, el intento de demolición de su rival le hizo perder a Sánchez la oportunidad de hablar de las medidas que podrían paliar lo peor de la recesión que se anuncia y, como consecuencia de esa ofuscación, perdió el debate. La conclusión es que Sánchez se ve perdido, derrotado ahora en las encuestas como preludio de lo que más tarde podría ser el veredicto de las urnas. De ahí el tono crispado que tanto contrastaba con la contención y la ironía de Feijóo.
A Sánchez le hizo daño que Feijóo le recordara el teatrillo que había montado en La Moncloa la víspera del debate: "Atrévase a pisar la calle sin un casting previo como hizo ayer". También que mantenga un Gabinete con 22 ministros cuando Alemania, que tiene el doble de habitantes que España, tenga un Gobierno con tan solo 16.
En el debate vimos a un presidente que no lo parecía. Sánchez, que ha heredado los papeles que se dejó en La Moncloa Pablo Iglesias cuando renunció a la vicepresidencia hizo suya la teoría de la conspiración. Oscuros poderes ocultos. Grandes empresas -que no identificó- y sus terminales mediáticas -tampoco dio nombres- que según él pretenden derribar al Gobierno. El signo de las encuestas parece que está trastornando a sus asesores. Sánchez vivía mejor cuando Pablo Casado estaba al frente del PP y desde La Moncloa se pasaban el día instilando el miedo a Vox. Ahora ya no asustan con Vox, ahora arremeten contra Núñez Feijóo porque le ven ya como futuro presidente del Gobierno. Por eso Sánchez planteó el debate como lo habría hecho un aspirante. Por eso actuó como si fuera el jefe de la oposición.
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