Y, al final, siempre salen los proyectos gubernamentales, aunque sea incluso con críticas de los socios de coalición. En el fondo, el 'gobierno Frankenstein' sigue funcionando, con todo lo que lleva anejo.
La verdad es que la sesión parlamentaria de este jueves ha estado precedida de un voltaje bastante alto -dicho sea el día en el que el precio de la luz bate un récord- en lo que se refiere al debate político. La ministra portavoz, Isabel Rodríguez, aprovechó el atril del Consejo de Ministros -no, como hubiese sido lo correcto, el de la sede partidista de Ferraz- para lanzar una andanada, una más este verano, contra el Partido Popular de Feijóo. Que suele responder, claro, en la misma clave, con lo que no hemos progresado nada con respecto a los viejos tiempos de Rajoy-Casado, siempre con Sánchez como contrincante.
Desde el Gobierno nuevamente se presenta al PP como un partido que no solo 'no arrima el hombro' (¿de veras tendría que arrimarlo en apoyo del Gobierno?), sino que incluso bordea la Constitución, por ejemplo al no facilitar la renovación del poder judicial. Parece que ni el Ejecutivo entiende el papel que debe jugar una oposición, ni ésta tiene un esquema cabal de hasta dónde debe oponerse y dónde ha de comenzar una política de cierta colaboración en cuestiones 'importantes', aun cuando el Gobierno cometa la descortesía -por decir lo menos- de no consultarlas y menos, claro, debatirlas.
Estoy casi convencido de que, como siempre, el Gobierno sacará adelante también este decreto, aunque necesite a algún despistado Carromero para ello, que suerte no es precisamente lo que le falta a Pedro Sánchez. Ignoro cuáles serán las contrapartidas ocultas (si las hay) para que los 'socios' aprueben el real decreto. Que contiene medidas necesarias junto a otras excesivas, mal planificadas y mezcladas confusamente con otras propuestas sociales (cheque cultural a los jóvenes de 18 años, viajes gratuitos en tren, ayudas a los transportistas) que poco o nada tienen que ver de una manera directa con el ahorro energético.
Lo primero debería ser, en una jornada como la de este jueves, eliminar la confusión que encierra este decreto y que permite a la portavoz gubernamental llegar al exceso de acusar demagógicamente al líder de la oposición de negarse a facilitar estas ayudas sociales, abusivamente contenidas entre las medidas energéticas. Una patente falsía, emanada para colmo desde la sala de ruedas de prensa del Consejo de Ministros, en La Moncloa.
No tengo muy claro quién saldrá beneficiado o perjudicado por las medidas de ahorro energético, nunca debatidas, por cierto, con los sectores afectados. Lo que sí me parece evidente es que quien sale dañada es la propia pureza democrática, que exige no utilizar de manera impropia los resortes del Estado, no mentir y hacer a los ciudadanos ofertas transparentes, claras, no enmarañadas. Temo que, en esta ocasión al menos, la portavoz gubernamental no ha cumplido estos requisitos. Vencerá hoy el Gobierno en el Parlamento, quizá. Pero al menos a mí esta vez no me ha convencido. Para nada.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.17