Miércoles, 08 de Julio de 2026

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DAVID LAVILLA
Lunes, 01 de Agosto de 2022

¿Otra emboscada? 

El Ministerio de Igualdad lo ha vuelto a hacer: se ha puesto, una vez más, en boca de todos. Y no precisamente por comunicar historias que traten de hacer una sociedad más justa y equitativa, sino por contar cuentos que políticamente pueden ser muy correctos pero que, a la hora de la verdad, solo sirven para llenar los bolsillos a profesionales que parecen de muy bajo nivel. O, aún peor, de personas que desde dentro tratan de hacer la cama a la ministra para dejarla nuevamente en evidencia. A los pies de los caballos.

 
Y es que muy pocos días después del mal consejo de hacerse las fotos en Times Square, ahora van y le vuelven a dar otra indicación todavía peor: sustraer imágenes de instagramers para hacer “cartelería”. Pero, ¿qué se pensaban? ¿Que las fotos no las iba a ver nadie?  ¿Alguien que realmente sea profesional del mundo de la de la comunicación no se da cuenta de que una campaña de publicidad para el Gobierno de España no la ven solo cuatro gatos? ¿Cree un publicista de los de hoy que un influencer no se entera casi al segundo de lo que pasa en el mundo virtual? ¿Un currante de los medios digitales puede llegar a pensar que los mensajes no circulan a velocidad de vértigo por Internet? ¿Una persona en su sano juicio, y que sepa un poco de lo que va este trabajo, no se ha percatado de que los ‘marketinianos’ monitorizan todo el contenido que se sube a la Red?
 
Pero la cosa no queda solo ahí. Porque no contentos con el mangoneo de las fotos, también han sustraído la tipografía que han utilizado para ilustrar todo el arte. Y es que no se han dignado ni a pagar la fuente. Así que el tipo de letra que han usado, el ‘Antique Cherry’, que se puede descargar desde el portal DaFont, sí que es gratis para proyectos personales, pero obviamente no para campañas privadas o gubernamentales. Y como un ministerio todavía no es una ONG, pues eso, que también han querido sacar provecho por ahí no contentos con el mangoneo de las imágenes de las personas que están viviendo justamente de eso.
 
Según cuentan en el ministerio, el coste real de la campaña ‘El verano también es nuestro’ ha sido de cuatro mil novecientos noventa euros, impuestos incluidos, y no de ochenta y cuatro mil, como van diciendo diferentes informaciones que circulan en algunos periódicos. Y a buen seguro que todo eso sea cierto por tres motivos. Primero, por la baja calidad de la acción publicitaria y por el cutrerío que han hecho con el retoque de unas imágenes que, en su origen, eran bastante aceptables para su divulgación por redes sociales. Segundo, porque el hurto de los derechos de autor -tanto el de las fotos como el de la tipografía- ha debido de bajar sustancialmente el precio de la faena. Y, tercero, y permítanme la sospecha, porque el objetivo no parece que sea el de obtener una difusión de una acción profesional y correcta, sino que más bien está muy cerca de ser una nueva emboscada a la ministra. Y ya van unas cuantas.
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