Ogorchukwu, nigeriano de 39 años, con mujer y un hijo de 8, murió en la tarde del viernes a manos del italiano Filippo Claudio Ferlazzo, de 32, ya en prisión acusado de homicidio voluntario y robo, dado que se llevó el teléfono de la víctima.
El nigeriano, vendedor ambulante, se encontraba en la céntrica calle Umberto I de Civitanova Marche, puerto turístico en la costa del Adriático, cuando los dos hombres se enzarzaron en una pelea. Las imágenes muestran a Ferlazzo asestando varios golpes a Ogorchukwu hasta tirarlo al suelo. Después se puso encima de él hasta acabar con su vida, tal y como se aprecia en los vídeos grabados por viandantes.
El portavoz del cuerpo de policías de Macerata, Matteo Luconi, explicó que, aunque la investigación sigue abierta, por el momento no hay elementos que permitan atribuir el crimen al racismo, sino que “parece que surgió” cuando la víctima pedía limosna. Otras fuentes hablan de que la víctima había piropeado a la acompañante del agresor. “El cumplido lo mató”, señaló Daniel Amanza, responsable de una onegé local dedicado a la integración de inmigrantes.
El homicida ha pedido “perdón” a la familia de Ogorchukwu a través de su abogado y alegó que la riña surgió porque “pedía insistentemente limosna” y porque agarró del brazo a su novia, que le acompañaba en ese momento y que ya ha declarado como testigo.
La muerte ha conmocionado a Italia, en plena campaña electoral para las elecciones generales del 25 de septiembre, y numerosas personas, entre ellas la comunidad nigeriana, se congregaron ayer en Civitanova Marche o Ancona para reclamar justicia.
La asociación de Sant’Egidio, dedicada a la acogida de refugiados en Italia, lamentó estos hechos y llamó a “detener la violencia pero también la violencia que abre el camino. Es un episodio que ha ocurrido en una calle normalmente llena de gente, en el pleno centro de Civitanova Marche. Hay incluso quien lo ha grabado, otros gritaron al agresor, pero nadie intervino”, denunció la organización
El ministro de Sanidad en funciones, Roberto Speranza, aseguró que “la indiferencia es tan grave e injustificable como la violencia”. Incluso los líderes ultraderechistas Matteo Salvini y Giorgia Meloni, siempre críticos con la inmigración, lamentaron el crimen, que relacionan no con el racismo con la falta de seguridad, y solicitaron que “la máxima condena posible”.
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