El mal viene de atrás, desde el momento en el que Pablo Iglesias decidió señalar con su dedo demiurgo a Yolanda Díaz pensando en un futuro liderazgo de la izquierda a la izquierda del PSOE. Pero las cosas no están saliendo como habían previsto. Por una parte, Pedro Sánchez -un superviviente especialista en apuntarse tantos ajenos- en el reciente debate sobre el estado de la Nación, les madrugó el discurso "gauchista". Lo decía todo la cara desolación de Yolanda Díaz que no aplaudió al presidente en los pasajes más peronistas de su discurso. La procesión iba por dentro porque aquel día -aunque se ha hecho público una semana después- Díaz ya sabía que Belarra tenía intención de destituir como secretario de Estado de la Agenda 2030 a Enrique Santiago a quien hacía responsable del fiasco en la formalización de la candidatura de Podemos en las elecciones andaluzas, comicios en los que la izquierda resultó laminada.
Santiago, que es el secretario general del PCE, ha asumido la purga con discreción. Pero fiel a la tradición del mundo comunista ya debe estar preparando su respuesta. O su venganza. La víctima de todo este lío entre ellos es el proyecto político de Yolanda Díaz. De momento tiene anunciado que "Sumar" no concurrirá ni a las elecciones municipales ni a las autonómicas. Hace un par de meses le preguntaron a Alfonso Guerra qué le parecía el proyecto que estaba tratando de montar Yolanda Díaz. "Un bluf" -fue su respuesta-. Un diagnóstico camino de convertirse en profecía.
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