Convertido en "núcleo duro" diseñado a su medida Sánchez espera encontrar en ellos un apoyo cerrado a todas sus iniciativas. Como se pudo observar en el Comité Federal celebrado el pasado sábado ya no hay voces críticas en el seno del PSOE. Y las que parecía que lo eran antes de la reestructuración --García-Page, Lamban-- se han apagado. Cabe pensar que la proximidad de los comicios autonómicos que vendrán precedido de un proceso de selección de candidatos en el que la última palabra se la reservará Sánchez han recomendado prudencia a quienes hasta hace poco, de vez en cuando, se permitían alguna crítica a las políticas gubernamentales.
Todos los asistentes al Comité Federal sabían que las causas de la estrepitosa derrota sufrida por el PSOE en Andalucía había que buscarlas fuera del ámbito autonómico, mirando hacia los pactos y las derivas de las políticas del Gobierno que preside Pedro Sánchez. Todos lo sabían, pero ninguno osó decirlo y todos optaron por aguantar en silencio una homilía sobre la emergencia climática que en nada guardaba relación con la debacle andaluza. Ni una sola voz discrepante y menos aún crítica. Todos parecían encantados de haberse reunido para aprobar lo que Sánchez había decidido sin consultar a nadie. En democracia, no hay precedentes de tanta ceguera colectiva voluntaria.
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