Si pensamos que el Ministerio de Igualdad va a mover un dedo tratando de ayudar a los demás, lo llevamos de colores. En primer lugar, porque Irene Montero solo va a defender todo aquello que le pueda sumar votos. Y, después, porque ella misma sabe que le queda menos que un chupachús en la puerta de un colegio. Así que para lo que le queda en el convento… Pues eso, que mejor se da la vuelta al mundo en Falcon con dinero público antes que tratar de arreglar todo este desaguisado. Y es una verdadera lástima porque realmente han tenido la oportunidad de demostrar que realmente les necesitábamos.
Pero ni en tiempos de pandemia, y en una situación socioeconómica tan delicada para el mundo y para nuestro país, han sabido estar a la altura los que dicen que defienden al trabajador a ultranza. Porque su historia es la de siempre: pólvora mojada. Mucha palabrería y poca eficacia. Mucho ruido y pocas nueces. Mucho piquito y, de hacer, poquito.
Aunque, con toda paz, mientras nos andan vendiendo la moto -como diría Noam Chomsky-, los progres de pastel van aumentando su patrimonio y escalando socialmente a base de mentiras y de falacias. Sin pasar apuros. Y, según toque, poniendo el aire acondicionado a tope o la calefacción a todo meter. Ojalá algún día se hicieran públicas sus facturas, porque esta situación les iba a retratar todavía más.
Entretanto, muchas familias ya estamos contando los céntimos para poder apañarnos. O estudiándonos bien el libro de instrucciones para saber cómo se programa correctamente la calefacción. O buscándonos las mañas para reducir -aún más- el consumo de gasolina. O empollándonos los folletos de los supermercados para saber dónde está más barato el aceite. O los yogures. O el café… O la madre que lo parió.
Pero ellos no. Eso ellos no lo hacen. Fundamentalmente porque parece que pierden la noción de la realidad justamente en cuanto entran por la puerta del Congreso de los Diputados. Y así es muy difícil gobernar una nación. Y es que si no saben lo que cuesta un kilo de manzanas, una lata de sardinas, una barra de pan o un café en el bar del barrio, ¿entonces qué?
Pues eso, que con gente como ésta es casi imposible esperar una solución real y efectiva a este problema en el que andamos inmersos. Primero porque ningún gobierno de izquierdas ha sido nunca capaz de solucionar realmente una crisis económica en la España más actual. No lo hizo González -que era el más avispado- en los años noventa. Tampoco lo supo hacer Zapatero en su momento. Y, ahora, siendo sinceros, qué esperamos realmente de toda esta gente, ¿que Pedro nos arregle la papeleta?, ¿que Irene y su niñera nos ayuden a criar mejor a nuestros hijos?, ¿que un personaje del calado de Yolanda nos ayude a mejorar nuestro ecosistema laboral?
No lo piensen. Mejor, no. Solo recen lo que sepan. Hagan bien las cuentas. Relájense los que puedan en las aguas cálidas del Mediterráneo. Y, los que no, al menos traten de desconectar, recarguen pilas hasta que llegue el invierno y disfruten de este calor.
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