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DAVID LAVILLA
Lunes, 18 de Julio de 2022

Efecto Mandela

El dieciocho de julio, Día Internacional de Nelson Mandela, nos debe hacer recordar entre otras cosas que cualquier persona puede generar un gran impacto en los demás realizando acciones sencillas. Cotidianas. Pero también conviene no olvidar que un idiota con poder puede ser altamente peligroso contando cuentos que nunca han ocurrido. Y que muy posiblemente no sucederán jamás. 

 
Si realizáramos una encuesta sobre las personas más influyentes de nuestro tiempo, Nelson Mandela sería uno de los más destacados. Su generosidad, su humildad y su infinito amor al ser humano le han llevado a ser un referente para todos. 
 
Pero a Mandela no solo se le va a recordar por los hechos que han acontecido en un momento dado. Paradójicamente también se le va a evocar por sucesos que nunca han pasado. A estos últimos, a las cosas que no han ocurrido jamás, pero que el ideario colectivo da por hecho, se le denomina “efecto Mandela”. Y se trata de una falsa memoria que colectivamente nos lleva a recordar por error experiencias distorsionadas. Lo que viene a ser una confabulación contra el ser humano, o sea.
 
Puede servir como ejemplo de todo esto el paradigma Deese Roediger-McDermott, que demuestra que si ponemos frente a un individuo elementos relacionados entre sí su cerebro puede llegar a hilarlos hasta inventar otro diferente. Es decir, que si introducimos en un sobre palabras como “playa” o “piscina” y pasado el tiempo preguntamos qué ponía en el sobre, el sujeto entrevistado podría contestarnos perfectamente: “Nadar. Ponía nadar. Estoy seguro”.
 
Pues bien, sumado a esto, Jim Coan, un psicólogo estadounidense, constató el error al que se le puede inducir a la mente añadiendo en una historia vivida un falso recuerdo. Para dar fe de todo este berenjenal, el bueno de Jim le contó a un allegado algunos detalles de su infancia. Uno de ellos versaba sobre cómo se perdió en un centro comercial uno de sus hermanos. Lo bueno del caso es que su propio hermano no solo aceptó la mentira, sino que incluso llegó a contar detalles minuciosos sobre ese hecho previamente inventado. Irreal.
 
Es decir, que nuestro cerebro es muy susceptible de ser estafado. Camelado. Engatusado como en el viejo timo de la estampita de la película de Los Tramposos, protagonizada por Toni Leblanc. Te cuentan que hay algo de tu propia historia que nunca ha existido y encima eres capaz de sacar tus propias conjeturas de aquello que dista mucho de ser real. 
 
Y eso es exactamente lo que lleva haciendo el gobierno socialcomunista desde que está gobernando. Insertando en nuestro cerebro bulos y patrañas a cambio de limosnas. Potenciando su mentira con el “efecto Mandela”.
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