En lo referente al pescado, no quiero decir que haya bajado la calidad, pero tampoco podría jurar que ha subido. Y, en cuanto al resto de los artículos, observo con la grave preocupación de las personas que no somos ricas por casa -ni siquiera por nuestras maliciosas habilidades- que las raciones han bajado en peso y cantidad.
De momento, parece que las tapas de obsequio con el vino, referidas a frutos secos y patatas fritas, permanecen más o menos igual, pero se nota una bajada en las aceitunas. Y, en los restaurantes, los que no han subido el precio han optado por rebajar algunos gramos, con el truco de aumentar la guarnición. El estado de la ración ha bajado incluso en nuestros propios comedores domésticos, y aquella pregunta incitadora de "¿Quieres otra chuleta?" parece que ha sido desterrada.
De macroeconomía sólo entienden unos pocos privilegiados, pero de economía parda y a pie de plato, entendemos casi todos, y se nota la vuelta de que el tráfico aumenta de manera espectacular a primeros de mes, de la misma manera que parece que media ciudad ha vendido el coche hacia finales de mes. Hay asuntos más graves y profundos.
Por ejemplo, que hace 25 años asesinaran a un joven concejal por no acercar a los presos asesinos de ETA, y 25 años después lo haga el Gobierno, sin que haya que secuestrar y matar a nadie. En lo del chantaje hemos mejorado, y se extorsiona guardando las formas y sin tiros en la nuca. En lo de la ración, en el lío que se refiere a las egoístas cosas de comer, estamos mucho peor. Como sigamos así, ya no nos matarán los asesinos de ETA, porque el Gobierno no acerque los presos, sino porque el Gobierno nos vaya matando de hambre. Poco a poco.
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