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DAVID LAVILLA
Lunes, 11 de Julio de 2022

Boris Jonhson y la ola de calor

Afirma la Marina Real británica que si sujetas con las manos un recipiente de agua muy fría durante diez minutos puedes lograr que tu temperatura corporal disminuya en, al menos, un grado Celsius. Yo no sé si puede ser realmente efectiva esta receta castrense contra la ola de calor porque, de haberlo sido, seguro que la hubieran utilizado los ingleses para calmar el ‘hot body’ de Boris Johnson en alguno de sus guateques.

 
Dicen que el calor hace estragos en el cerebro. De hecho, el hipotálamo, que es el encargado de producir equilibrio en nuestro organismo, tiene que trabajar bastante más duro cuando la temperatura exterior es mucho mayor. Además, cuando le sobreviene al cuerpo una ola de calor, la atención disminuye, los impulsos nerviosos son mucho más lentos y, por regla general, descansamos mucho peor. Y, claro, ya se sabe que al dormir mal… Pues eso, que el cerebro padece una hiperexcitación, y luego pasa lo que pasa.
 
¿Y qué pasa? Pues que un tipo como Boris, con una calentura por encima de lo normal, puede hacer que el país al que dirige ejecute el Brexit sin apenas despeinarse el bisoñé, y abandone la Unión Europea como el que se marcha todo cocido de un sarao. Y llegue a producir uno de los estropicios económicos y diplomáticos más graves de toda la historia británica en un abrir y cerrar de ojos. O también puede ocurrir que, con unos grados de más, el presidente del Reino Unido haya dejado a todos los hijos de la Gran Bretaña con una de las inflaciones más altas de Europa y con un crecimiento económico nefasto. Funesto. Situado incluso a la cola de los países más desarrollados del mundo.
 
Además, si a todo esto le sumamos sus excentricidades, sus salidas de tono y su inmadurez personal -digna de un adolescente- a la hora de poder lidiar una de las crisis sanitarias más complejas de la historia universal, pues obtenemos como resultado una conducta más propia de Benny Hill que de un político decente.
 
Pero lo peor de todo esto no es que Boris no haya sido capaz de manejar la situación política, social, sanitaria y económica del Reino Unido cuando más le necesitaban sus paisanos. O que haya llegado a ser uno de los bufones de más relumbrón de toda la historia de la corte británica. Que también. Lo peor de todo esto es que los países de su entorno tampoco tienen líderes políticos mucho mejores que él. Y es que Emmanuel Macron en Francia, Olaf Scholz en Alemania o Pedro el fatuo aquí, en España, no tienen muchas más luces que el histriónico de Boris sujetando toda la noche un cubata cargado de hielos en la fiesta de la pantomima europea en el diez de Downing Street. Con o sin ola de calor.
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