Si un político miente y hace que la mendacidad sea su seña de identidad no hay razón para mantenerle en el cargo. A Boris Johnson se lo han llevado por delante sus reiteradas mentiras. En realidad, la acumulación de mentiras porque ahora le han tumbado por mentir acerca de las fiestas que se celebraron en el 10 de Downing Street y por la ocultación de la conducta indecorosa de uno de sus colaboradores pero no deberíamos olvidar que llegó a primer ministro apoyándose en las grandes mentiras sobre la Unión Europea que dieron alas al Brexit.
Volviendo a la cuestión de fondo que plantea una reflexión acerca del precio que deberían pagar los políticos por sus mentiras, hay que reconocer que trasladándonos a España la constatación de nuestra realidad conduce a la melancolía. A Boris Johnson le han forzado a apartarse su compañeros de partido por mentiroso, ¿podría pasar algo similar aquí? ¿Alguien puede imaginar que a Pedro Sánchez sus compañeros le podrían exigir que renunciara tras haber mentido cuando dijo, hasta cinco veces, que nunca pactaría con Bildu o cuando negó que indultaría a los políticos separatistas catalanes condenados por sedición? Lo cierto es que nadie espera que algún día una reacción similar pudiera encabezar la crónica política española. En orden al precio político a pagar por las mentiras, España sigue siendo diferente.
Rufino Soriano Tena. | Domingo, 10 de Julio de 2022 a las 12:19:38 horas
Téngase en cuenta que aquí
no es como en el Reino Unido.
Aquí se puede mentir
y allí eso es más jodido.
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