No parece claro que Marruecos pidiera su cabeza. Más bien, Moncloa se la entregó en bandeja y, al ver que no era suficiente, se cedió en el tema del Sahara. Conviene recordar que la carta con el histórico cambio de postura sobre la "autonomía" de los saharauis llevaba la firma del presidente del Gobierno. Y viene esto a cuento porque, al igual que con Laya, ahora parece que Albares es el único responsable de la grave crisis con Argelia.
No es que el responsable de Exteriores esté demostrando, como su antecesora, especial habilidad diplomática. Dejar caer que Rusia estaba detrás de la ruptura del tratado de amistad entre Argelia y España (no ha sido el único ministro que lo ha insinuado y es que ya no saben cómo explicar tanto dislate) le ha valido una retahíla de insultos en la prensa argelina. Lo mas bonito que le han llamado es "fulano", además de: "pirómano, guiñolesco, manipulador y ministro amateur" entre otras lindezas.
De momento, el presidente argelino, que no ha desmentido este artículo, ha cesado fulminantemente a su ministro de Finanzas como indicándole a Sánchez el camino a seguir para salir de la crisis. Curiosamente, el cese de Raouya se relaciona con la orden que él mismo dio a la banca argelina de congelar las domiciliaciones de comercio exterior con España. Pero la orden sigue en vigor y se cumple a rajatabla. Que se lo pregunten a los empresarios españoles.
Así que, de momento, todo sigue empantanado. No se saben los términos del acuerdo con Mohamed VI pero la apertura de los pasos con Ceuta y Melilla siguen enfangados en dificultades burocráticas. Argelia asegura a Bruselas que no se ha roto nada, pero el bloqueo comercial es un hecho y la subida del precio del gas es inminente.
El domingo las elecciones andaluzas marcarán un antes y un después. Si Sánchez sigue pensando en poner de cabezas de lista a varios ministros en las municipales y hacer así una nueva remodelación que le ayude a seguir en Moncloa, podemos ver a Albares de cabeza de lista al Ayuntamiento de Tarragona. Es solo un ejemplo...
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