El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ha anunciado la completa rendición de la acería Azovstal, símbolo de la resistencia ucraniana, con la entrega de los últimos 531 combatientes. Entre los últimos en entregarse en la ciudad portuaria de Mariúpol figuran los comandantes del batallón nacionalista ucraniano Azov, que Moscú considera "criminales de guerra".
Las autoridades rusas han capturado a más de 1.900 combatientes ucranianos en la zona de la acería de Azovstal, en Mariúpol, según los datos difundidos por Moscú, que ha advertido de que el "bloqueo" de dichas instalaciones aún "continúa".
El ministro de Defensa de Rusia, Sergei Shoigu, ha afirmado que sus tropas han "rescatado" a 177 civiles y capturado a 1.908 "nacionalistas" que "han depuesto sus armas", según la agencia de noticias TASS. La cifra se actualiza a razón de varios cientos diarios, sin que exista verificación independiente.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) pidió esta semana un acceso "inmediato" a estos prisioneros, de los que intenta también recabar datos. Las autoridades ucranianas, por su parte, mantienen su interés de hacer un futuro canje de prisioneros con los militares que sean capturados tras abandonar la acería.
Las instalaciones de Azovstal han sido durante estas últimas semanas el símbolo de la resistencia en Mariúpol, una localidad situada a orillar del mar de Azov y de especial interés estratégico para Rusia, que intenta consolidar un corredor terrestre entre el Donbás y Crimea.
FALTA DE GASOLINA
Circular por muchas carreteras ucranianas supone recorrer un paisaje de gasolineras vacías, con los grandes carteles que muestran los precios donde solo aparece una sucesión de ceros: es la forma de que los conductores sepan que están sin gasolina ni gasóleo. Algo más de suerte tienen, por ejemplo, quienes viven cerca de fronteras como la de Polonia, donde es algo menos complicado encontrar alguna abierta.
En un intento de reducir la dependencia del gas ruso, hace un mes Finlandia acordó con Estonia alquilar de forma conjunta este otoño una terminal flotante de gas natural licuado (GNL), donde se almacenará el gas traído en barcos desde otros países productores. Finlandia es el tercer país de la Unión Europea, tras Polonia y Bulgaria, que deja de recibir gas ruso por no querer doblegarse a las exigencias de Moscú de que sus clientes paguen en rublos para intentar frenar el desplome de su moneda.
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