En puertas de las elecciones andaluzas, el chusco episodio protagonizado por Podemos e Izquierda Unida en razón de disputas por la prelación de unos u otros en la formación de las candidaturas es un ejemplo. Uno más, de esa atracción irresistible por la confrontación.
El resultado de: 'quita tu candidata (Inmaculada Nieto) que pongo el mío (Juan Antonio Delgado) es conocido'. Delgado, el que quería imponer Podemos, se queda fuera. Podemos llegó tarde, fuera de plazo, a la formalización de las candidaturas y se ha quedado a la intemperie. Las interferencias de Pablo Iglesias -que se proclama alejado de la política pero que sigue teniendo el mando a distancia de la formación morada- estarían en el origen del chusco desenlace de este episodio. Ante el estupor creado entre sus seguidores están tratando de arreglarlo buscando hueco a alguno de los candidatos de Podemos en las listas que presentará IU, pero el fuego cruzado de acusaciones parece que puede malograr esa salida.
A la vista de la dispersión de siglas de la izquierda -Adelante Andalucía, la más reconocida con Teresa Rodríguez al frente, irá por libre- el panorama que apuntan las encuestas resulta poco alentador para las expectativas no sólo de los morados sino de todos los partidos situados a la izquierda del PSOE. Partido que tampoco atraviesa por sus mejores momentos pese a qué gobernaron Andalucía de manera ininterrumpida durante cerca de cuarenta años. Pero ya se sabe que en la política nada es para siempre.
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