Si se sabía desde tiempo atrás, ¿por qué se ha tardado tanto en revelar que los teléfonos habían sido infectados? ¿Es una casualidad que se sepa ahora cuando el Gobierno viene siendo acusado por los líderes separatistas y por sus socios de Podemos de haber espiado a los políticos catalanes que protagonizaron el golpe sedicioso del llamado "procés"? Algunos de ellos (Junqueras, líder de ERC) acusan al Gobierno de crear una cortina de humo para tapar lo que llaman el "catalangate".
Pero hay más preguntas. Al tiempo que el ministro Bolaños, el perejil del Ejecutivo, pide que no se planteen conjeturas acerca del origen del mencionado espionaje telefónico fue él mismo quien abrió las puertas a todo tipo de cábalas al decir que la intrusión "era un ataque externo" ajeno a los organismos españoles de Inteligencia y Seguridad. De las fechas aportadas para establecer el momento de los pinchazos, que remiten a mediados del 2021, en días en los que se habían tensado las relaciones con Marruecos por la presencia furtiva en España de Brahim Ghali líder del Frente Polisario, podría inferirse que la operación se fraguó en el Sur. Pero todo son incógnitas que brotan a partir de medias verdades o intentos de desviar la atención.
Sin olvidar el aspecto más chusco de este asunto. ¿Era imprescindible convocar una rueda de prensa matutina el Dos de Mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid --gran escaparte de Isabel Días Ayuso y su encuentro con el nuevo líder del PP Núñez Feijóo-- para comunicar una noticia sobre hechos acaecidos hace un año o había, por decirlo así, cierto interés en contraprogramar la agenda mediática? El problema de fondo es la falta de credibilidad. Es el cuento de Pedro y el lobo.
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