La camiseta de Maradona
Todo tiene un precio. Hasta la palabra de un inglés. Y, si no, que se lo pregunten a Steve Hodge, que está subastando la camiseta con la que Maradona se vengó de los hijos de la Gran Bretaña por la Guerra de las Malvinas. Ha tardado mucho tiempo en decidirse, casi tanto como el asno de Buridán. Pero finalmente ha optado por el camino más fácil: el de la revancha por dinero.
Tuvo la mala suerte Hodge de que Diego Armando Maradona le regalara su camiseta tras el encuentro del Mundial de México 86 para que nadie se acordara de él como jugador. Solo como aquel hombre que fue la sombra del Diego durante los últimos cinco minutos de partido. Y no precisamente para marcarle, sino para llevarse un recuerdo del mejor jugador de la historia del fútbol.
Por aquel entonces conviene recordar que el deporte rey no era tan sintético como lo es hoy, y un jugador se intercambiaba la camiseta con el que más cerca estuviera cuando el árbitro pitaba el final del partido. Así que Hodge no dudó en corretear durante un buen rato tras su verdugo para que, al menos, le regalara la soga con la que le había ahorcado. Es verdad que no se puede decir a ciencia cierta que el pobre rico Steve supiera lo que iba a valer en un futuro la casaca del Diego, pero digo yo que algo intuiría al comprobar de primera mano tamaña humillación futbolística.
Porque en ese encuentro Maradona se mofó del señorío inglés en tan solo noventa minutos. Primero, con un gol de balonmano. Y, poco después, con otro tanto de ensueño en el que sacó a relucir todo su catálogo de gambetas, para reírse despiadadamente de todo aquel “gentleman” que le salía al paso desde casi su casa de Villa Fiorito.
Ciertamente estos dos chirlos se encargaron de poner en su sitio a la arrogancia de Inglaterra en el ochenta y seis, a su por entonces engreída selección de fútbol y al fanfarrón de su portero, Peter Shilton, que aún sigue llorando en los medios de comunicación por haber encajado el gol más canalla de la historia del balompié. “Él no me supero, él me hizo trampa”, aún va diciendo el arquero, que aquel día no pudo parar ni los taxis que les llevaron al aeropuerto.
Sí, fueron dos golazos históricos que subieron al marcador y que mandaron a su casa a los ingleses por mucho que le hiera a Shilton. O a Hodge, que ha sido hasta ahora el propietario de la reliquia. Esa pieza de museo que dijo que nunca vendería. Pero que ya está en el mercado. Porque ahora, en este mundo en el que vivimos, como decía Groucho Marx, hasta los propios ingleses si no les gustan sus principios, pueden tener otros.
Por eso Steve Hodge ha expuesto la reliquia del Diego en Sotheby's: para que un aficionado al fútbol sin conciencia, y podrido de pasta, se haga cargo de ella sin tan siquiera conocer realmente cuál es el valor emocional de esa camiseta para el mundo de la bola.
Así que, muy pronto, el cuatro de mayo a buen seguro, conoceremos el nombre del magnate que va a comprar la zamarra del astro argentino. De momento, hay encima de la mesa una insultante cantidad de dinero para hacerse con ella. Y supera, nada más y nada menos, los cuatro millones de libras.
Los que saben de esto aseguran que la casaca de Maradona se va a convertir en el objeto futbolístico por el que más se ha pagado en una subasta. Se estima que su valor final incluso va a estar muy por encima del que tiene el reglamento del Sheffield, al que se considera el código futbolístico más antiguo de la historia. Pero es que el talento de “el Pelusa” siempre ha estado muy por encima de las propias reglas que rigen el fútbol. Y eso los ingleses siempre lo han llevado muy mal. Por eso el futbolista británico quiere vender ahora en el mercado de la carne y de las camisetas su desamor con Maradona. Pero lo va a hacer como un asno terco y estúpido. Y no como el noble potrillo del tango Gardel.
Tuvo la mala suerte Hodge de que Diego Armando Maradona le regalara su camiseta tras el encuentro del Mundial de México 86 para que nadie se acordara de él como jugador. Solo como aquel hombre que fue la sombra del Diego durante los últimos cinco minutos de partido. Y no precisamente para marcarle, sino para llevarse un recuerdo del mejor jugador de la historia del fútbol.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.103