“El Pep” siempre va dando lecciones de cómo debe ser el verdadero fútbol. Pero, eso sí, jugando con la ventaja que le otorga la cuenta corriente del jeque Mansour. Así que, sin hacer ascos a presupuestos dopados con petrodólares, trata Guardiola de “ganar, ganar y volver a ganar” en la cancha jugando a lo que él estima que es hacerlo bien.
Pero, para hacer su fútbol “over the rainbow”, primero necesita justificar mediáticamente su falsa moralidad para jugar a su juego favorito: el de la dualidad. Y dice que quiere un fútbol saneado económicamente, pero está en el club más corrupto del mundo. Aboga por la independencia y la libertad para elegir, pero le pagan los autócratas. Promueve el deporte global y en libertad, pero lo encarcela ideológicamente con lazos amarillos. Siempre ha querido la independencia de la Comunidad Autónoma de Cataluña, pero jugaba en la selección de todos los españoles. Quiere jugadores de desborde, pero luego les somete a la esclavitud de su táctica rococó.
Pero esta doble moral ya no es solo suya. Guardiola ha creado escuela. Y Piqué es uno de sus alumnos más aventajados. Y pide juego limpio en la competición, pero trata de financiarla a través de una de sus empresas. Se va quejando de las ayudas federativas al Real Madrid pero, por si cuela, le pide “al Rubi” por WhatsApp que coloque a “su” Andorra en un grupo fácil. Decía que había que ser comprensivos con el fútbol en la pandemia, pero cuentan en el Mundo Deportivo que negoció a espaldas de sus compañeros un nuevo contrato. Se queja de que la prensa no sea lo suficientemente crítica, pero cuando El Confidencial se hace eco de sus quehaceres amorales, entonces va y monta un pollo mediático y salido de tono en el Twitch. No quiere al Rey de España, pero busca sus favores. Dice que tiene una educación ejemplar, pero siempre anda a la gresca.
Y todo esto para el “show business” del que vive Piqué puede estar muy bien para él y para su amigo “el Rubi”, pero no para la limpieza que debería regir cualquier deporte.
Aunque, pensándolo bien, lo peor de esta infamia tan deshonesta no es que “el Pep”, “el Rubi” y “el Piqué” anden siempre buscando la dualidad para alcanzar sus logros personales; o se sientan muy cómodos en el finísimo alambre de lo moral, que también. Lo peor de todo es que van intoxicando un entorno que no les pertenece porque es nuestro. De todos los aficionados. Aunque seamos del Atleti.
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