Es obra de gentes miserables que en las redes sociales se escudan en el anonimato para desear lo peor a la popular periodista, líder de audiencia en su programa televisivo de las mañanas. Ante semejante manifestación de maldad surge la pregunta acerca del origen de tanto odio.
Ana Rosa no se dedica a la política aunque en su programa se analiza la vida política española y ella misma, en uso de su libertad de expresión, opina sobre el acontecer diario. Como tantos otros hacemos dada nuestra condición de periodistas o analistas.
Ana Rosa tiene opinión sobre las cosas que pasan y la expresa sin ofender a nadie porque su programa procura alejarse del vocerío que cultivan y despachan en otras tertulias. Es el suyo un estilo elegante al decir lo que piensa, que por lo general bebe del sentido común y está alejado del sectarismo o de los "argumentarios" que proporcionan los gabinetes de comunicación de algunos partidos políticos. Y, eso, a juzgar por el odio que destilan algunas de las palabras que circulan por las redes, molesta.
El odio que manifiestan las gentes que convierten las redes en una cloaca, que celebra y se alegra al conocer la mala noticia anunciada por Ana Rosa, en principio, no debería ser un asunto relacionado con la política pero parece que esa conexión existe.
Es saña que procede del pensamiento sectario alentado por quienes no toleran la menor crítica porque retrata sus contradicciones y engaños. Afortunadamente Ana Rosa cuenta con el cariño y el respeto de millones de españoles que desean que triunfe contra el cáncer para que, una vez superado este episodio, pueda volver a reinar sobre las mañanas de la tele como viene haciendo desde hace tantos años.
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