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VICTORIA LAFORA
Domingo, 17 de Octubre de 2021

Sorpresa, sorpresa

De repente, de forma inopinada, el líder de la oposición, Pablo Casado, "sorprendió" al auditorio de la sesión de control en el Congreso al ofrecer un posible acuerdo para renovar las instituciones.


Pareció que había dejado al PSOE descolocado pero, cuando veinticuatro horas después, el ministro estrella Bolaños y la mano derecha de Casado, García Egea, recuperaban el acuerdo de febrero pasado, la sorpresa se desvaneció. Todo estaba acordado y el PP encontró el momento oportuno para hacerlo público.
 
Los azarosos prolegómenos de la convención itinerante del PP, con la que se pretendía consolidar de forma definitiva el liderazgo de Casado, las zancadillas de Ayuso con su inexcusable viaje a Estados Unidos, fueron retrasando un acuerdo que Bolaños y García Egea habían mantenido vivo con discretos encuentros en almuerzos. Ambos han cuidado sus relaciones y sólo esperaban la orden de "arriba" para negociar nombres concretos y presidencias de los caducados organismos constitucionales.
 
Como el Consejo General del Poder Judicial y su renovación, con las exigencias de Podemos, levanta todavía ampollas, se ha dejado para el final; pero en el Gobierno están convencidos de que se va a lograr el pacto, aunque tendrán que ceder en su negativa a cambiar el modelo de elección que también reclaman desde Bruselas.
 
Consolidado su liderazgo y con las encuestas a favor (hasta el CIS de Tezanos le reconoce un crecimiento importante) Casado no quiere cargar con el lastre de ser acusado de bloqueador impenitente de las instituciones. Por eso ha abierto la mano. Por eso, y porque saben que Pedro Sánchez acabará sacando los presupuestos adelante en el Congreso y va a apurar hasta el último día esta legislatura. Dos años, con el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el Defensor del Pueblo o el Consejo General del Poder Judicial caducados, es inaceptable en un Estado de Derecho.
 
Que Vox y Ciudadanos iban a poner el grito en el cielo se daba por descontado. Que iban a acusarles de intercambio de cromos, también; pero ninguna de las dos formaciones tienen, de momento, buenas expectativas electorales. Además, a Casado no le conviene estar mirando todo el rato por el rabillo del ojo a la extrema derecha. A los entusiastas de Abascal el tema institucional les deja fríos, su obsesión es la unidad de la patria y eso con el PP está garantizado.
 
Aunque queda mucho por negociar, el mero acuerdo inicial permitió que ambos dirigentes se estrecharan la mano esta semana en un acto oficial, aunque la antipatía mutua que se profesan les impida llegar más lejos. Al final, lo que mueve las decisiones políticas no son los intereses nacionales sino las animadversiones de los dirigentes.
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