Por la mínima, pero ha perdido. Con Ángela Merkel al frente fue el partido más votado en las cuatro elecciones anteriores. Merkel se retira con un 80% de aprobación a su gestión. Si hubiera seguido nadie duda de que la CDU habría vuelto a ganar. Y es ahí donde el liderazgo político se revela como una de las claves -tal vez la más importante- a la hora de explicar el comportamiento de los electores.
Cuando el liderazgo es claro y la personalidad del líder no es cuestionada, los electores apoyan a la organización política que representa. Sí no es así, la organización política, el partido, por sí solo no es capaz de compensar la situación y concurre a las elecciones con desventaja. Es lo que ha sucedido en Alemania donde la ausencia de Merkel -pese a la popularidad con la que se retira- no ha sido transferida a su partido que ha cedido la victoria a sus rivales del SPD en un momento en el que en media Europa se venía entonando el réquiem por la socialdemocracia.
Creo que los dirigentes del Partido Popular deberían reflexionar sobre lo ocurrido el domingo en Alemania. La convención itinerante que han inaugurado esta semana en Santiago de Compostela, con decenas de mesas y ponencias, podría propiciar la ocasión. Reflexionar acerca de la importancia -capital- del liderazgo. Aprovechar la oportunidad para acabar con la pugna soterrada por el liderazgo regional en la comunidad de Madrid. Un hecho que envía una señal equívoca acerca del liderazgo de Pablo Casado.
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