Cuando Pedro I el Mentiroso lanza una de sus trolas, la manifiesta con la quijada erguida y una media sonrisa, que viene a ser una especie de desafío sobre si os lo vais a creer en esta ocasión, o no os puedo engañar de nuevo.
Adriana Lastra, en cambio, mucho más espontánea y sincera, o mucho más ducha en la teatralización del esperpento, parecía que se enfadaba y que tendría que tomar un calmante, solamente de pensar que, en los pasillos del Congreso, pudiera rozarse con alguien en un partido como el PP, o Vox, o Ciudadanos. Y parecía que, si no creíamos en el disgusto que le producía la derechona, iba a pedir la eutanasia que tanto defendió.
Ahora, como vicebastante, parece más calmada y, como en lo suyo puede que no tenga mucho trabajo, ha devenido en especialista de política internacional, analizando con su sutileza proverbial las elecciones alemanas, en cuyo país me imagino que es una gran experta. Y no ha llegado a la conclusión de que, en Alemania, la derecha y la izquierda suelen unirse para formar Gobierno, sino en que allí a la extrema derecha se le aísla. No como aquí hace el PP. Se le olvida que su Presidente, el que la defenestró, se une con la extrema izquierda comunista en el Gobierno, y con los palmeros de los asesinos terroristas en las votaciones.
Adriana Lastra no pudo lograr una licenciatura universitaria, pero ahora, cuando se puede pasar de curso con suspensos, tiene su oportunidad. A no ser que den algún cargo en el que tenga que trabajar, y la vuelvan a frustrar, con lo que le debe gustar a ella el estudio, el análisis racional y la reflexión.
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