Él, que fue un revolucionario y formó parte activa del movimiento sandinista que derrocó al dictador Somoza, ahora ha sido señalado por uno de sus compañeros de "revolución", Daniel Ortega, y su esposa, Rosario Murillo, que gobiernan Nicaragua. Sí, a Sergio Ramirez le acusan de todo, desde conspirador a corrupto.
En realidad, el pecado de Sergio Ramírez no es otro que el de desde hace décadas dedicarse a la escritura, que ya saben es un oficio altamente peligroso en las dictaduras.
La última novela de Ramírez lleva por titulo "Tongolole no sabía bailar" y ya auguro que se convertirá en un autentico 'best-seller' puesto que Ortega la ha condenado. No, no se podrá comprar en las librerías de Nicaragua pero terminará siendo fotocopiada o colgada en la Red y por tanto mas pronto que tarde los nicaragüenses terminarán leyendo una historia cuyo escenario son las protestas contra el régimen de Daniel Ortega allá por el 2018 donde los manifestantes sufrieron una represión brutal.
Mientras tanto la podremos ir leyendo en España.
En realidad, lo que le está pasando a Sergio Ramírez no es algo novedoso puesto que a los dictadores no les gustan los libros, ni los periodistas, ni el arte ni nada ni nadie que pueda poner en cuestión su poder.
Con ochenta años, Sergio Ramírez se ve abocado al exilio puesto que su ex camarada de lucha ha puesto precio a su cabeza, un precio en forma de legajo firmado por un fiscal con acusaciones que lo único que rebelan es el miedo profundo que tienen Ortega y los suyos a la libertad de expresión ajena.
Pero la cuestión de fondo no es solo el futuro de Sergio Ramírez sino que el régimen de Ortega continúa extendiendo un manto de terror contra todos aquellos que se atreven a cuestionarle.
En Nicaragua hay presos políticos y más que habrá habida cuenta que el próximo mes de noviembre Daniel Ortega quiere ganar unas elecciones convocadas a su medida.
Mientras tanto, Sergio Ramírez vivirá en el exilio como tantos otros nicaragüenses que han podido escapar del régimen de terror que lidera Daniel Oretga en compañía de su esposa Rosario Murillo.
A los ochenta años se tiene más pasado que futuro de manera que es fácil imaginar el dolor que debe de estar padeciendo Sergio Ramírez sin saber si algún día podrá volver a Nicaragua.
El único consuelo es que también Ortega pasará, como han pasado todos los dictadores. Aunque puede que ese consuelo al escritor le llegue tarde.
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