La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió de una nueva y peligrosa fase en el país asiático.
Es la primera conferencia de Naciones Unidas sobre el país asiático en la que se reunieron varios miembros de gobiernos de los países occidentales, donantes y representantes de naciones vecinas como China y Pakistán, para ayudar a 11 millones de afganos que se enfrentan a una crisis económica y alimenticia.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que "esta financiación nos permitirá intensificar nuestra ayuda al pueblo afgano en un momento de extrema necesidad."
Antes del evento el jefe humanitario de la ONU, Martin Griffiths, anunció que la recolección de los fondos incluía 606 millones de dólares que habían sido solicitados para satisfacer las necesidades más urgentes de Afganistán. Añadió que “el pueblo de Afganistán se enfrenta al colapso de todo un país, todo a la vez”.
Con la toma del poder por parte de los talibanes, Afganistán dejó de percibir el impulso de capitales foráneos de los que, según Reuters, dependían 18 millones de personas, la mitad de la población. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos suspendieron el envío de ayuda financiera.
Tal como anotó Guterres, el país ya vivía “una de las peores crisis humanitarias globales” antes de la instauración del Gobierno Talibán, situación que ha empeorado desde entonces con el rechazo del apoyo internacional.
Griffiths recalcó en la importancia de las donaciones a la que se comprometieron los países asistentes a la conferencia. "La financiación será un salvavidas para los afganos”, anotó.
HAMBRUNA Y CRISIS FINANCIERA
Uno de cada tres afganos no sabe de dónde vendrá su próxima comida, señaló Guterres. También comunicó que los servicios básicos están al borde del colapso y que la tasa de pobreza está en “espiral”.
A la crisis financiera se le suma la existencia de una grave hambruna. Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, los afganos se están quedando sin efectivo para comprar los alimentos.
A principios de septiembre, Ramiz Alakbarov, jefe humanitario de la ONU en Afganistán, ya había alertado que “para fines de septiembre, las existencias que el Programa Mundial de Alimentos tiene en el país se habrán agotado", dijo. Además, una severa sequía acecha al país y está poniendo en peligro las cosechas.
DESPLAZADOS
Paralelamente, el jefe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, anunció que llegó a Kabul para evaluar las necesidades humanitarias que tiene Afganistán y también la situación de 3,5 millones de afganos desplazados, 500.000 de los cuales han huido solo este año.
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