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FERNANDO JÁUREGUI
Viernes, 23 de Julio de 2021

Sánchez toma la temperatura en Manhattan

Escucho a un famoso colega decir que Pedro Sánchez está "de vacaciones" en los Estados Unidos y tengo que discrepar.

Todo viaje de un político a la Norteamérica emergente de Biden, aunque éste no te reciba en la Casa Blanca -ni en ninguna otra parte- me parece importante: hay una pretendida realidad de España que conviene difundir en entrevistas de canales televisivos y periódicos de allí, aunque ni siquiera sean los más destacados.
 
Pedro Sánchez, que tanto (no) ha hecho por la imagen de nuestro país en el exterior, tiene ahora la obligación de aclarar muchas cosas al mundo mundial, despejar dudas de inversores y, en definitiva, restituirnos al papel internacional que sin duda merecemos. Y eso se hace también con viajes de alcance limitado, que ya llegará el día --porque llegará-- en el que el presidente español se siente en el despacho oval junto al hombre más poderoso de la tierra. O en el que ese personaje casi omnipotente entre por las puertas de La Moncloa, cosa que, si no antes, ocurrirá casi con seguridad dentro de un año, en el marco de la OTAN.
 
Cierto es que la política exterior española ha sido hasta ahora cuando menos errática, y cuando más, simplemente incomprensible. No menos cierto me parece que muchos de los varapalos que la Justicia europea propina a nuestro poder judicial están fundamentados: un Ejecutivo peleado con el Judicial, y este último constantemente enfrentado consigo mismo fomentan una idea muy pobre del estado de la democracia española, sobre todo cuando el Legislativo tampoco está a la altura de las circunstancias de excepción que vivimos.
 
Sánchez se ha ido a los Estados Unidos, me parece, por las mismas razones que un amigo, veterano periodista ya fallecido, decía que viajaba a países en los que ninguna noticia puntual justificaba el desplazamiento: "hay que poner el termómetro y ver cómo anda la temperatura". Yo creo que Pedro Sánchez, que tiene no pocos problemas en casa -y más que me parece que va a tener--, ha comprobado que la temperatura es muy baja, casi gélida: los fondos de inversión están desconcertados acerca de si habrá o no reforma de la reforma laboral, sobre el grado de cumplimiento de unos Presupuestos imposibles o sobre el volumen de la deuda. Por no tener, no tenemos aún ni siquiera embajador norteamericano en Madrid, que envíe a su Gobierno mensajes algo esclarecedores, que superen la confusión.
 
Nadie tiene muy claro en Nueva York, y menos en Washington, hacia dónde va la política española. Y, ya que no nos da muchas ruedas de prensa ni facilidades a los periodistas de aquí para que nos enteremos, al menos Sánchez frecuenta a los medios allá, y algo de lo que piensa acabaremos sabiendo por estos lares. Así que al menos para eso, y para que le reconozcan en las teles de allende, habrá servido este periplo internacional antes de volver a las miserias de la política patria. Que no todo va a ser el gozo en las alturas del avión presidencial.
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