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DAVID LAVILLA
Lunes, 12 de Julio de 2021

El tal Iván nos dice adiós

El tal Iván, fiel y devoto consejero de Sánchez, se ha despedido diciendo que lo más importante en la vida no es saber perder, sino saber parar. Y tiene razón. Lo que pasa es que habría que añadir que hay que saber hacerlo a tiempo.


Lo peor que ha podido suceder en el teatro del guiñol que se ha montado Redondo es que se ha excedido en años para mal de los españoles. Justamente todos los que lleva al lado de su marioneta rindiéndole pleitesía. Lo mejor, y esto le incumbe solo a él, es que al final se ha ido sin un triste rasguño. 
 
Porque, tal y como dijo en su momento, no se ha tenido que tirar por un barranco para demostrar su sumisión a su querido títere. Y es que al final Pinocho ha dado boleto a tiempo a su Gepetto antes de hacerle caer al vacío por pesado. Y por pelota. 
 
Pero finalmente todo ha salido redondo. El destino va a ser condescendiente con el consejero de Pedro Sánchez. Y no tendrá que estar hasta el último de los días que le queden dándole las gracias a su marioneta por respirar y haber sido, por un tiempo, un personaje importante en esa charanga de tontos de pandereta. 
 
Además le permitirá, con total seguridad, no vivir implícitamente esa pérfida defunción política, tan propia del estadista besanalgas, a la que estaba abocado. Así que, gracias al cielo o a la pandemia, no padecerá esa típica muerte del funcionario público, como la del cuento de Chéjov.  Esa historia infame en la que un gallardo alguacil, Iván Dmitrievitch Tcherviakof, muere por el sufrimiento y el resquemor que le produce su propio peloteo. 
 
No se sabe bien de qué vivirá a partir de ahora este señor. Pero todo apunta a que no va a tener los mismos problemas que un español común. Seguro que ha hecho buena caja durante todos estos años, habrá ampliado aún más su agenda de pardillos -esos que van siempre en busca de un buen filón- y por el camino se habrá topado con más personas que, como él, quieran vivir de los mismos cuentos de polvos de la madre Celestina. 
 
Y es que lo importante para él, como en la obra de don Juan Eugenio Hartzenbusch, es saber reconocer que “de los cuatro ingredientes omnipotentes de la mágica mixtura (oro, saber, esfuerzo y hermosura) hoy, lo que tantas maravillas obra es el oro no más; el resto sobra”. Y Redondo conoce bien esta máxima. Fundamentalmente porque él de saber, más bien poco. De esfuerzo, apenas nada. Y, sobre la hermosura, ya dijo don Ramón y Cajal, en esa obra de Charlas de café, que es una carta de recomendación escrita por Dios. Y de todo eso que cuenta el premio Nobel español ya sabemos que el tal Iván no es que vaya muy sobrado. Eso sí: haciendo la pelota ha sabido hacer mucho dinero.
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