McAfee y la inseguridad
Ha muerto el rey del antivirus en una cárcel española. John McAfee, que en su tiempo fue una de las grandes fortunas del mundo online, y también del real, ha dicho adiós a la vida en una celda de unos cuatro por dos en un módulo del Centro Penitenciario de Brians. En Barcelona.
Dicen que el virus, pero el de la pandemia, no el de un ordenador, le pilló por Cambrils. Aunque según aseguran en las redes sociales sus amigos virtuales ya llevaba mucho tiempo por aquí. Y que llegó a hacer de un hotel de carretera una fábrica de criptomonedas. También comentan que, a cuenta de eso, la Policía Nacional recibió una orden de la Interpol para detenerle por evasión fiscal. Y a partir de ahí se empezó a liar el taco.
Mcafee no ha sido nunca el mejor ejemplo moral de emprendedor, quizá por eso haya ayudado a cambiar un poco más este mundo de locos. O al menos a transformarlo en una Aldea Global, como diría McLuhan. O en una Galaxia Internet, como lo quiere dar a entender el propio Castells.
Y es que este tipo de personas tan excéntricas como McAfee son realmente las que mueven la industria y la vuelven del revés. Son gente hecha de otra pasta que entiende la vida de una manera diferente. Arrasan los mercados y generan nuevas pautas y conductas en los individuos globales. El problema es que, con ellas, nos volvemos más dóciles. Más sumisos. Más moldeables.
Realmente tiene gigas la cosa porque el principal logro de este hombre antiviral no fue la creación de un fármaco virtual que sanara la inteligencia artificial de un ordenador. No. El éxito de este tipo fue creer que estábamos más seguros con un producto digital que en teoría protegería mejor toda nuestra información justo cuando es más susceptible de ser afanada.
Pero ciertamente ese entramado es más falso que el reverso virtual de un bitcoin. Aunque la otra cara, más ficticia aún, tiene un fin más perverso: tener que depender de personas como McAfee. O al menos de sus servicios.
En la sociedad del miedo de Bude todo comienza por aquí. Y es hacer que la fragilidad del humano sea la pieza clave para que funcione correctamente el nuevo orden mundial que nos han querido imponer. Y por supuesto, la incertidumbre es su principal herramienta. Cuantas más dudas tenga el individuo sobre su existencia, cuanto más débil se sienta, mejor se podrá ejercer contra él la máxima manipulación.
Y es que siempre hay un hecho que antecede a la causa principal. Y tiene como fin utilizarnos. Se trata de una especie de cebo que hace que el ser humano ceda su libertad y se la conceda a un tercero que, en teoría, pueda parecer más competente que él. Así que por este motivo nos encontramos con hechos muy simbólicos para hacernos sentir que estamos más seguros, pero es justamente lo contrario. Nos encontramos más a merced.
Por eso, vas a ver que te dicen que si circulas en bicicleta a menos de treinta kilómetros por hora, lo suyo es llevar casco. Si pasas a menos de dos metros de una persona en pleno campo, lo ideal es que te pongas mascarilla. O si te compras un ordenador, es muy importante que instales un cortafuegos.
Mcafee ha muerto solo y con miedo. Buscado por las máximas autoridades sin saber muy bien por qué. Parece ser que cuando lo vieron en su celda de unos cuatro por dos no llevaba casco. Tampoco mascarilla. Y no tenía ningún antivirus cerca de él. Dicen que en su bolsillo había una nota. Solo un papel. Nada de bits en un USB. Esperemos que no sea el mapa de un nuevo servicio para tratar de protegernos mejor de no sé bien qué.
Dicen que el virus, pero el de la pandemia, no el de un ordenador, le pilló por Cambrils. Aunque según aseguran en las redes sociales sus amigos virtuales ya llevaba mucho tiempo por aquí. Y que llegó a hacer de un hotel de carretera una fábrica de criptomonedas. También comentan que, a cuenta de eso, la Policía Nacional recibió una orden de la Interpol para detenerle por evasión fiscal. Y a partir de ahí se empezó a liar el taco.


















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