¿Se atreverá Sánchez?
El Tribunal Supremo ya ha hablado y lo ha hecho alto y claro: se opone a la concesión del indulto a los independentistas catalanes argumentando que no hay el necesario arrepentimiento y advirtiendo, por el contario, su disposición declarada de volver a intentar subvertir el orden constitucional en Cataluña. Con este pronunciamiento de la Justicia la pregunta es: ¿se atreverá Pedro Sánchez a conceder el indulto a quienes posibilitaron su llegada al poder?
La sala de lo Penal del Tribunal Supremo que juzgó la causa del 'procés' independentista en Cataluña ha informado negativamente a la concesión de cualquier forma de indulto a los 12 condenados por delitos de sedición, malversación de caudales públicos y de desobediencia al no apreciar razones de justicia, equidad y utilidad pública que justificarían la concesión de la medida de gracia. Por el contrario, subraya la voluntad de "reincidir en el ataque a los pilares de la convivencia democrática" por parte de quienes se consideran a sí mismos presos políticos, pero a los que el alto tribunal tacha simple y llanamente de antidemócratas.
De esta forma, el Supremo desmonta los argumentos esgrimidos tanto por el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, como por el propio presidente del Gobierno, quien horas antes justificó en el Congreso que la decisión que tome será "a favor de la convivencia entre todos los españoles", porque "hay un tiempo para el castigo y otro para la concordia". El día anterior ya adelantó que no actuaría por "venganza" ni "revancha", olvidando que los condenados lo fueron hasta 13 años de prisión por intentar romper esa convivencia entre los españoles.
La actitud de Sánchez es incomprensible si no fuera porque ya estamos acostumbrados a sus mentiras e incumplimientos. En 2019, antes de las elecciones generales, dijo que los condenados por el procés tenían que cumplir íntegramente sus penas, ya que "nadie está por encima de la ley". ¿Qué ha cambiado desde entonces? Muy sencillo, lo que ha cambiado es que Sánchez fue catapultado a La Moncloa con el apoyo, entre otros, de los partidos independentistas, quedando así rehén de los mismos.
El líder del PP, Pablo Casado, denuncia que la probable concesión de los indultos es un pago a sus socios secesionistas por "haberle metido en la Moncloa" y aventura que ese pago "será su finiquito y el epitafio del PSOE constitucional". PP, Vox y Ciudadanos ya han adelantado que recurrirán a la Justicia si finalmente se conceden los indultos.
Sánchez está ahora en la cuerda floja. Si le quedara algo de dignidad, honor y sentido del deber rechazaría conceder los indultos a unos condenados que ni siquiera se han tomado la molestia de solicitar dicha medida de gracia, sabedores de que el inquilino de La Moncloa lo es porque se lo debe a ellos. Si el precio a pagar es que esos indeseables socios parlamentarios le retiran su apoyo, le quedaría dar por concluida la Legislatura y convocar elecciones anticipadas para que se pronuncien los españoles. Pero no hará nada de eso. Su ansia de poder hace tiempo que le ha nublado la mente, por lo que no dudará en traspasar una línea roja, otra más, como es la de dar un golpe contra la propia Justicia. En esa caída libre, Sánchez no duda incluso en humillar al Rey Felipe VI, quien como Jefe de Estado tendría la obligación de firmar los indultos de esos independentistas que no le perdonan su posicionamiento valiente aquel 3 de octubre de 2017 contra el intento de sedición en Cataluña.
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La sala de lo Penal del Tribunal Supremo que juzgó la causa del 'procés' independentista en Cataluña ha informado negativamente a la concesión de cualquier forma de indulto a los 12 condenados por delitos de sedición, malversación de caudales públicos y de desobediencia al no apreciar razones de justicia, equidad y utilidad pública que justificarían la concesión de la medida de gracia. Por el contrario, subraya la voluntad de "reincidir en el ataque a los pilares de la convivencia democrática" por parte de quienes se consideran a sí mismos presos políticos, pero a los que el alto tribunal tacha simple y llanamente de antidemócratas.




















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