Un Knéset dividido: eso auguran los sondeos a pie de urna emitidos por las televisiones israelíes. Todavía a la espera de los resultados oficiales para los comicios parlamentarios, el primer ministro Benjamin Netanyahu y su partido conservador, el Likud, mantienen una ventaja respecto al resto de agrupaciones políticas.
Sin embargo, hasta el momento ningún partido logra de forma determinante la mayoría necesaria para gobernar en solitario. Los resultados preliminares muestran que una coalición del Likud con los ultraortodoxos y la extrema derecha podría quedarse a las puertas de los 61 escaños que marcan el control del hemiciclo.
Netanyahu ya se proclamó ganador de las elecciones y consideró "un gran logro" los 30 asientos en el Parlamento del Likud proyectados en los sondeos. Antes de estos comicios, el partido tenía 36 escaños.
Netanyahu también hizo claro su objetivo de conseguir un "Gobierno de derechas y estable", un ofrecimiento que queda a la espera de los resultados oficiales y de los movimientos del resto de los partidos.
El papel clave de la ultraderecha Yamina
Los sondeos le otorgan un papel clave a Naftali Benet, el líder del partido ultraderechista Yamina, que con siete u ocho escaños podría tener la llave de la gobernabilidad de Israel.
Benet fue ministro de Defensa bajo la Administración Netanyahu y busca recuperar prominencia en la arena política de Israel fuera de la sombra del primer ministro. El dirigente de Yamina, que podría ser un aliado natural de Netanyahu, todavía no se ha pronunciado sobre opciones de coaliciones.
Sin embargo, ya aseguró que no formaría parte de ningún pacto con el partido Yesh Atid, de centro izquierda, la segunda formación con más escaños y líder del bloque opositor.
Yesh Atid, liderado por Yair Lapid, consiguió entre 17 y 18 escaños según los sondeos, más de diez curules de diferencia con el Likud.
Unos comicios que refrendan a Netanyahu
Estas elecciones, las cuartas que se celebran en dos años en el país, son un gran referendo sobre la figura de Netanyahu, el primer ministro de 71 años que lleva al frente del país desde 2009.
Por un lado, el dirigente ondeó la bandera de la exitosa campaña de vacunación contra el Covid-19, que ha llevado a inmunizar a casi la mitad de los israelíes hasta la fecha. Por otro lado, sus detractores recuerdan el juicio por corrupción que enfrenta Netanyahu y que pesa sobre su popularidad.
La participación final fue del 67,2 %, la más baja desde 2013.
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