Las únicas dudas que existen las albergan los más de 80.000 componentes de las mesas electorales, que se van a tener que jugar su salud, y que van a sufrir un riesgo evidente, ante la perspectiva de tener que convivir, durante 13 ó 14 horas, con una docena de personas, provenientes de una docena de hogares diferentes, cosa que está absolutamente prohibida; que lo harán en unos locales que no están al aire libre, y que tienen asegurada la visita de personas enfermas de coronavirus, convivientes con esas personas, votantes sometidos a cuarentena, etcétera, etcétera. Es cierto que les van a proporcionar equipos de protección, pero nadie les va a enseñar ni a ponérselos ni a quitárselos -es imposible hacerlo a más de 80.000 personas- y si médicos y enfermeras, en ocasiones, se contagian por un descuido a la hora de quitarse la protección, imaginen el porcentaje de contagios que se producirán entre 80.000 inexpertos, como los somos usted lector y yo mismo.
Debido a este peligro, indudable y predecible, unas 10.000 personas han solicitado el amparo del Defensor del Pueblo, porque poseen el miedo razonable de que pueden enfermar
La Junta Electoral les amenaza con multas, y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña parece que ampara esta insensata situación contra la salud colectiva de Cataluña, que puede ser histórica, como histórica será la abstención y la imposibilidad de formar algunas mesas electorales. Pero no se molesten: por muchos muertos que haya después triunfará Illa. Los muertos a este hombre no le afectan, al contrario, le llevan siempre al triunfo.
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