Candidato Illa
Salvador Illa ya es sólo candidato a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Su salida del ministerio ha sido acompañada por un surrealista coro de voces muy propias de nuestra política.
Quienes lo consideraban un ministro incompetente y tóxico critican ahora su abrupta salida como si su permanencia fuera necesaria; quienes reclamaban su salida inmediata tras su nominación a la candidatura le reprochan ahora que no haya aguantado una semana más para responder por última vez ante el parlamento; y quienes desde sus filas alaban su gestión al frente del ministerio que ahora abandona son incapaces de reconocer algunas evidentes sombras de su gestión frente a la pandemia.
El tiempo permitirá juzgar su actuación como ministro con sosiego, comparándola con la de otros y otras de aquí y de allá, algunos eficaces profetas del pasado, aplicándole los atenuantes propios de la magnitud de un reto inédito al tener que enfrentarse a un enemigo potente y desconocido con unas armas mermadas por políticas anteriores que él no ejecutó, y destilando finalmente aquellos errores que son de su estricta responsabilidad. Lo que no se le podrá reprochar a Salvador Illa es su actitud y su talante, evidentes por sí mismos y especialmente relevantes en una situación política tensionada y polarizada hasta extremos insoportables.
Esas virtudes son un valor añadido que los electores catalanes podrán considerar y sopesar en el Illa candidato. Porque quienes lo acusan de abandonar el barco en plena tempestad olvidan que su destino es otra nave que lleva años navegando sin rumbo en mitad de la tormenta. Y en esas circunstancias su temple, su educación, su aversión a la declaración gruesa, al insulto y al espectáculo, y su vocación de tender puentes de diálogo pueden resultar decisivas, desde el gobierno o desde la oposición, para que Cataluña alcance la nueva normalidad política tras la pesadilla.
Quienes lo consideraban un ministro incompetente y tóxico critican ahora su abrupta salida como si su permanencia fuera necesaria; quienes reclamaban su salida inmediata tras su nominación a la candidatura le reprochan ahora que no haya aguantado una semana más para responder por última vez ante el parlamento; y quienes desde sus filas alaban su gestión al frente del ministerio que ahora abandona son incapaces de reconocer algunas evidentes sombras de su gestión frente a la pandemia.




















Madrileño | Sábado, 30 de Enero de 2021 a las 16:24:50 horas
Que triste y que vulgar ( es lo que la mayoría de periodistas y analistas opinan) que valore a un político porque es educado, por su temple, por su aversión a tal y tal, vamos como los sicópatas, tan educados ellos, tan simpáticos, tan buenos vecinos y luego asesinos, violentos y "disfrutando " la prueba irrefutable del sicópata . Me suena esto de disfrutar ,no se a quien se lo he oído.
Dame políticos gritibrs, encarados, maleducados si quieres, que no por eso violentos, agresivos o peligrosos pero que si son eficaces , resolutivos , el político vale por lo que hace no por lo que aparenta.
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