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ANTONIO P. HENARES
Martes, 26 de Enero de 2021

Mítines a 400 muertos el día

8-M y 14-F son dos fechas para la infamia de un Gobierno insensato y miserable. Se cumplirá ya pronto un año de la primera, aspersor brutal de un virus cuya peligrosidad y letalidad se ocultó y menospreció por no "perjudicar" una manifestación a la que instaba a acudir en masa porque "nos va la vida en ello". Y ya lo creo que fue así.


La segunda tiene parecida "razón", celebrar como sea y al precio que sea, las elecciones catalanas, buscando el rédito electoral aunque el virus vuelva a cabalgar desenfrenado montado en más 400 muertos diarios.
 
El responsable y encargado de frenarlo, Salvador Illa, que es al tiempo el candidato abandona el ministerio, negándose a actuar a nivel nacional con medidas de confinamiento general porque ello supondría tener que suspender las votaciones, aunque ello añada riesgos mortales a la población. Es terrible decirlo pero aquí los factores que se han pesado en la balanza política del gobierno han sido votos y muertos. Y han pesado mas los votos que las vidas.
 
La misma miseria moral une aquel 8-M con este 14-F. Ambos, este aún más si cabe, pues ya no puede haber ni una mínima duda de los efectos como pudo, aunque poco, arguirse en la anterior ocasión. Repugna a la más elemental ética ver a Sánchez e Illa, huidos los dos de su deber como gobernantes, poner por delante sus intereses electorales por encima de la salud de los ciudadanos dando mitines a 400 muertos al día.
 
Son Sanchez e Illa, ahora lo será el nuevo titular de la cartera, y este desde luego como el cesante, por mandato del primero quienes tienen en su mano el adoptar lo que resulta una necesidad perentoria y ya muy tardía sobre todo el territorio nacional, actuar en verdad como Gobierno de España y no como lo que ahora y desde siempre está haciendo. Convertirse en una mezcla de maestro Ciruela y perro de hortelano con las 17 mas 2 administraciones autonómicas a las que carga con la responsabilidad mientras ellos huyen de la suya para que no les salpique el traje.
 
Sánchez enseña, una vez más, su verdadera cara. La de un cobarde que nunca afronta la realidad con coraje y sin cálculos de lo que va a sacar o perder con ello, sino que busca, como los bravucones escurrir el bulto cuando llegan las malas y luego sacar pecho y colgarse medallas, aunque sean de hojalata como las de junio, cuando parecen venir las buenas.
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