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RAFAEL TORRES
Jueves, 10 de Diciembre de 2020

Agrupémonos todos

Nunca tanta gente había hecho tanto caso al exordio contenido en ese célebre pasaje de La Internacional: "Agrupémonos todos". Lamentablemente, la transversalidad ganada de súbito por el histórico himno de los movimientos obreros llega en el peor momento, cuando por nada del mundo deberíamos agruparnos.


Ricos y pobres, mujeres y hombres, jóvenes y maduros, progresistas y conservadores, parados y rentistas, heteros y homos, madrileños y catalanes, béticos y sevillistas, casi todos parecen haberse sentido irresistiblemente interpelados por ese verso revolucionario, pero ignorando el que le sigue, "hasta la lucha final", lucha que, si seguimos agrupándonos a lo bestia, finalmente ganará el virus en la modalidad de no terminar de irse jamás.
 
En Estados Unidos, el agrupamiento sin medida ni tasa en torno al reseco pavo de Acción de Gracias, está dejando decenas de miles de muertos y otros tantos de lastimados por la Covid-19 que nunca volverán a ser, por las secuelas, los mismos, y aquí parece que con "las fiestas", con la Navidad, queremos seguir ese camino.
 
En tanto la inminencia de las vacunas se vende como más inminente de lo que en realidad es, y su efectividad también por encima de lo que a ciencia cierta se sabe de ella, diríase que aquí nos hemos vacunado ya todos, pues de otro modo no se entienden esas aglomeraciones por las calles comerciales, esas fiestas privadas multitudinarias que no por ilegales y potencialmente homicidas se encarga nadie de desmantelar y castigar severamente, o esa turbamulta de coches llenos de familias procesionando al Puerto de Navacerrada como si no hubiera, y a este paso no lo va a haber, un mañana.
 
Poco parece importar que la segunda ola de la pandemia, que ya se machihembra con la tercera, haya matado y siga matando a más gente que la primera, cuando estaba todo el mundo aterrado y encerrado en casa. Tampoco que la vacuna que por lo visto nos va a llegar antes, la Pfizer, tenga que fabricarse, almancenarse, viajar miles de kilómetros, volverse a almacenar, distribuirse y administrarse a 70 grados bajo cero, sin que en ningún momento ni en ninguna de esas escalas se rompa tan frágil cadena de frío. Ya estamos vacunados todos, viva el vino, agrupémonos todos, lleguen los allegados y a vivir, que son dos días.
 
Más valdría que el "agrupémonos todos" se dejara para otro momento, aquél en el que, tras el efectivo "vacunémonos todos", vayamos vislumbrando, no inventándonos, "la victoria final".
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