El Universo nos lo devuelve
No estamos solos. Lo dijo Carl Sagan. Sería además una pérdida de espacio. Seguro que hay vida inteligente por ahí fuera, pero son tan listos que no se paran ni a saludarnos. Solo se ríen de nosotros. Y nos tiran cosas.
El primer lanzamiento lo tenemos ya encima. El Día de las Ánimas Benditas del Purgatorio va a caer a la Tierra un asteroide del tamaño de una nevera. Hay que tener la esperanza de que, al menos, venga llena; porque este Gobierno ya se está encargando de dejar vacías las de nuestras casas.
El segundo artefacto que puede dejarse caer por aquí lo ha detectado Dave Tholen desde Hawái. Ha dicho el astrónomo que nos visitará en 2068. Por supuesto ese año es bisiesto. El asteroide en cuestión, Apophis, tiene nombre de demonio y mide cerca de 300 metros. Y como no podía ser en otra fecha, el viernes 13 de abril del 2029 será visible desde la Tierra. Justo además El Día Internacional del Beso, si es que para entonces siguen existiendo los besos y no nos los han robado las mascarillas.
El tercer posible lanzamiento detectado se ha avistado desde Canarias. Se trata de un agujero negro que apunta hacia la Tierra, y emite chorros de materia y radiación. Suena muy feo, pero es verdad. Esperemos que lo que expulse ese orificio sean flores como las de Zizou, aunque no nos gusten mucho meternos en esos jardines a los Atléticos.
¿Pero de verdad que nos pueden lanzar cosas desde el espacio? ¿Podemos estar inmersos en una de esas épicas batallas de Star Wars? No es que nos pongamos en modo Cuarto Milenio, pero la cosa da qué pensar.
Incluso puede hasta parecer que esta particular Guerra de las Galaxias la hayamos comenzado nosotros sin querer. Cierto es que no hay ni Halcón Milenario, ni tampoco está el Superdestructor Estelar. Pero desde 1957, año en el que, al parecer, de manera casi oficial, da comienzo La Era Espacial, se han lanzado al firmamento desde la Tierra infinidad de toneladas de basura.
Ahora toda esa chatarra, todo ese despojo, está colisionando descontroladamente en nuestra órbita. Y por defecto está generando aún más desechos peligrosos. Hace muy poco algunos restos de una antigua nave china a la deriva y un satélite ruso han estado a punto de colisionar. Dicen que han pasado a escasos 15 metros el uno del otro. Muchos menos de los que nos han mandado guardar con un familiar no conviviente, pero no con un viviente en pleno metro de Madrid.
Restando esperpento al dichoso virus es importante que se sepa que, a finales de los años setenta, el bueno de Donald Kessler informó de que si el ritmo de lanzamientos seguía por esos derroteros, podrían ocurrir colisiones en cascada de manera descontrolada, y harían que el espacio cercano a la órbita de la Tierra fuera un lugar muy peligroso. E incluso hasta impracticable.
Es verdad que muchas veces, gracias a estos artefactos, se descubren grandes hallazgos. Por ejemplo, un avión llamado SOFIA ha detectado agua en la zona más cálida de nuestra luna. Pero me pregunto para qué queremos saber dónde hay agua, si luego la echamos a perder. ¿O es que se trata de eso? Descubrir para intoxicar.
Más lejos de lo que se encuentra la Luna, en Encélado, el satélite de Saturno puede que albergue un mar en su interior. Lo ha visto la sonda Cassini antes de hacerse más chatarra entre sus géiseres y fumarolas. El aparato medía cerca de siete metros. Mucho más que un frigorífico.
Les debemos de tener muy hartos a los que nos vean desde fuera. Así que casi podemos confirmarlo entonces: lo de la nevera, el Apophis y las ventoleras de chorros radioactivos no es más que una estrategia de defensa galáctica por toda la basura que les enviamos.
Pero para basura, la que va a lanzar el gobierno autónomo catalán. Pretenden crear una agencia espacial “autóctona” para lanzar más mierda al Universo. En esta ocasión, nanosatélites. Les va a costar la broma 18 millones de euros en cuatro años. Pero dicen que van a crear mucho empleo.
Entre tanto, en Cataluña no hay dinero para PCR. Ni para asumir el coste de las mascarillas. Ni para crear puestos de trabajo dignos. Ni para rescatar a los que están en ERTE. Ni para hacer que vuelvan las empresas que dejaron de cotizar en plena rebelión y sedición. Ni para ayudar a los Mozos de Escuadra con refuerzos contra su kale borroka (todo se pega menos la hermosura) por el maldito confinamiento nocturno. Ni mucho menos hay dinero para contratar personal médico en tiempos de pandemia.
Pero no pasa nada, que gasten los catalanes dinero de los españoles para continuar lanzando mierda al cosmos. Dice la primera ley del karma que lo que negativamente ponemos en el Universo nos lo devuelve multiplicado por diez. Estaría muy bien que mandaran como prueba piloto a Piqué, porque con los diez tuercebotas que nos trajera se podría montar una alineación completa para jugar contra el Dinamo de Kiev. A lo mejor así se le quitaban los problemas a Koeman. Y a Messi.
El primer lanzamiento lo tenemos ya encima. El Día de las Ánimas Benditas del Purgatorio va a caer a la Tierra un asteroide del tamaño de una nevera. Hay que tener la esperanza de que, al menos, venga llena; porque este Gobierno ya se está encargando de dejar vacías las de nuestras casas.






















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