En la Luna
La NASA va a enviar astronautas a la Luna en 2024. Se han debido de ofrecer voluntarios para comandar la difícil misión de hacer regresar de allí a algunos miembros del Gobierno. En el fondo saben que si esperamos los españoles a que Pedro Duque vuelva a subirse a un cohete lo llevamos de colores. Así que se han puesto manos a la obra.
El ministro astronauta, que está a otras cosas, parece que no quiere intervenir en la misión de rescate de la tropa. Todo apunta a que está pensando más en su otro gran reto: presidir la ESA. Porque eso que ve a diario no le debe gustar mucho. Y es una pena. Talento tiene que tener. Lo que no parece tener es mucha voluntad ni motivación. Aunque le entiendo. Solo con ver a la cuchipandi en el consejo de los martes le debe temblar el alma. Y es que el equipillo en el que está es para echarse a llorar.
Los de la NASA no lo van a tener fácil en el rescate. El más difícil de los retos va a ser decirle a la cuchipandi que en su regreso van a tener que trabajar porque España no se puede permitir más lujos. Y trabajar no es salir en la foto, es ponerse el mono. Y no hacerlo. Trepar lo hacen muy bien, está por ver si empiezan a tomar conciencia de todas sus monerías.
Va a costar rescatar a todos. Eso es cierto. Pero a unos más que a otros. El que lleva mucho tiempo en la luna, pero en la de Valencia, es Garzón. Y con sumo cuidado, ya se ha puesto a darle a la lengua más de la cuenta. Es verdad que ahora debe tener mucho trabajo porque han vuelto las quinielas, y eso a él le preocupa más que el IPC. Pero algo de tiempo le tiene que sobrar, porque anda liado con el monotema de la monarquía. Y con este asuntillo Duque tiene que estar muy preocupado por eso del apellido.
A la que seguro que nadie la va a bajar de su luna de miel, es la señora de Iglesias. Está enamoradísima de su cargo. Y encantadísima de haberse conocido. También tiene mucho jaleo. Sobre todo intentando cuadrar las cuentas y los currículums de sus colegas: los catorce asesores y dos altos cargos que tiene a su servicio. Entre todos se llevan un botín de casi un millón de euros del dinero público. Luego no da para PCR para los españoles. Obviamente para ella sí. Que tiene más tests que una autoescuela. Pero es que la vida pirata puede llegar a ser maravillosa. Sobre todo a la hora de repartirse las tareas. O el botín.
El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, ya parece estar más en órbita. Tanto que dice que “se han pasado tres vueltas” a la hora de rescatarle. Ah, no. Que se refería a los jueces, a los que debería defender tanto en directo como fuera de micro. Pero la cabeza no le debe dar para tanto. Tiene tal jaleo que no sabe si tiene las luces apagadas o encendidas. Y qué menos que exigirle a un ministro que sepa cómo funciona este tema de los micrófonos.
Con el que lo van a tener más complicado en el rescate es con el ministro de Cultura, el señor Rodríguez Uribes. Él se cree que vive en Europa, pero realmente no sabe que donde está ahora es en el satélite de Júpiter. La verdad que es el que más lejos ha llegado. Se ha dejado fluir en el espacio de la desidia y lleva camino de salirse de la Vía Láctea. Ahora está emperrado con los galácticos, pero del fútbol. Ha dicho que los salarios de los futbolistas son poco entendibles en época de crisis. Y tiene razón. Pero se le olvidó decir que el suyo lleva inflado desde que se hizo cargo del ministerio, porque cobra como si solucionara algo.
Vaya trabajo que tienen los de la NASA cuando vayan al rescate de la cuchipandi. Hay que entender a Pedro Duque. No me extraña que esté a otras cosas. Se debe sentir como Michael Collins cuando veía, desde el módulo de mando, a sus compañeros Neil Amrstrong y Buzz Aldrin. Más solo que la una, en la Luna.
El ministro astronauta, que está a otras cosas, parece que no quiere intervenir en la misión de rescate de la tropa. Todo apunta a que está pensando más en su otro gran reto: presidir la ESA. Porque eso que ve a diario no le debe gustar mucho. Y es una pena. Talento tiene que tener. Lo que no parece tener es mucha voluntad ni motivación. Aunque le entiendo. Solo con ver a la cuchipandi en el consejo de los martes le debe temblar el alma. Y es que el equipillo en el que está es para echarse a llorar.


















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