A Ciudadanos le sucede como a aquél reloj de pulsera, alabado por unos, denostado por otros, y cuyo propietario, al ser preguntado por un amigo si era bueno el reloj, le contestó: "Tiene días".
Hay jornadas en que Ciudadanos parece un buey de las praderas, y otros en los que no se sabe bien si es un tiburón o es una trucha. Tiene días.
Ahora, en medio de este caos existente y de la ruina económica, presente y futura, parece que están muy entretenidos en romper su apoyo al PP en la Comunidad de Madrid, con objeto de presidir ellos mismo o el PSOE. El momento no puede ser mejor. Con la hostelería abatida, la segunda ola sin neutralizar, el interrogante de qué sucederá en los colegios con los niños, la vacuna del covid-19 en el aire, y la llegada de la gripe común a un mes de visitarnos, Ciudadanos, por fin, se preocupa de los problemas que agobian a los ciudadanos madrileños: un cambio en la presidencia.
Esto puede repetirse en Andalucía, y en otras comunidades y, contra la opinión de muchos, creo que es lo mejor que le podría suceder al PP y al PSOE, porque en las próximas elecciones Ciudadanos desaparecería, y sus votos volverían a una de las dos formaciones; los carnívoros volverían a su menú habitual, y los amantes del pescado al suyo, con lo que, sin la existencia de la rana, se terminarían las dudas dialécticas.
Tirar por la calle de en medio siempre es seductor. Y doña Inés, que no don Juan, tiene la última palabra.
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