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VICTORIA LAFORA
Domingo, 12 de Abril de 2020

Palabras, palabras, palabras...

Si algo ha puesto en evidencia la pandemia del coronavirus es lo fácil que resulta predicar (pontificando) y lo difícil que es dar trigo.

 Vivíamos (quién sabe cómo lo vamos a hacer cuando salgamos de ésta) en una sociedad de discurso evanescente donde los valores se diluían en eslóganes publicitarios. Vivir, gobernar, educar, se habían convertido en estrategias.

 

Ha tenido que llegar el terrible virus para enfrentarnos al reflejo de una sociedad desigual, con una clase política que no está a la altura del drama social. No es un problema únicamente de España o Italia, sino que afecta a las democracias occidentales, a pseudo dictaduras como la Rusia de Putin o al oscurantismo chino.

 

La crisis económica de 2008 barrió a una generación de dirigentes que no supieron ver el alcance y los costes sociales del hundimiento de la burbuja financiera e hipotecaria. El Covid19 amenaza con hacer lo mismo con la actual. Porque ya no bastan las palabras, ahora es imprescindible la eficacia en la gestión, la lucha por el bien común y la búsqueda colectiva de una salida a la nueva crisis económica que se avecina.

 

Y en ese juego tienen que involucrarse Gobierno y oposición. Ni Sánchez ni Iglesias pueden con esto, ni Casado, Ciudadanos, o el PNV (con los independentistas catalanes mejor no contar, siguen en su raca, raca*) deben dejar de arrimar el hombro. No se trata de "salvar a Sánchez", se trata de salvarnos todos.

 

Cada vez que se celebra un pleno del Congreso (imprescindible en estos tiempos) y desde las vacías bancadas de Gobierno y oposición solo se cruzan reproches e incluso insultos, las redes sociales arden de indignación y hartazgo. Porque de nada sirve que el presidente alardee desde la tribuna de que España "tiene unos de los mejores sistemas de salud pública del mundo" cuando unos hospitales colapsados, sin mascarillas ni respiradores, se ven obligados a hacer un triaje que deja fuera de las UCI a los ancianos.

 

De nada sirve que Casado acuse a Sánchez de falta de previsión cuando en ninguna de las decenas de iniciativas parlamentarias que su partido presentó en el Congreso, desde enero, se mencionaba el riesgo del nuevo virus que había surgido en China. Poca credibilidad tiene Abascal cuando responsabiliza al Ejecutivo de las muertes por la pandemia cuando a punto estuvieron de contagiar a toda sus militancia con el fatídico congreso celebrado el ocho de marzo. ¿Acaso no conocían la existencia del confinamiento de cincuenta millones de personas en Wuhan desde el 25 de enero?

 

Por eso, porque los ciudadanos exigimos que se pongan a gestionar, todos a una, déjense de palabras y aporten cada uno soluciones concretas para rescatar al país de otra década de paro, pobreza y desigualdad. Si no, los votantes les pasarán la factura en las urnas y, esta vez, pueden desaparecer no solo los actuales dirigentes, también las siglas que les amparan.

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