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FERMÍN BOCOS
Sábado, 11 de Abril de 2020

Ocasión perdida

Ya son más de 15.000 los ciudadanos que han perdido la vida y más de 150.000 los infectados por el coronavirus, pero la magnitud de esta tragedia sin precedentes en nuestra Historia en período de paz no encontró un eco de sincera condolencia --y por lo tanto de serenidad-- en la sesión extraordinaria celebrada en el Congreso de los Diputados.

Ni Gobierno ni oposición estuvieron a la altura exigible en estas circunstancias. Para nuestra desgracia, sigue viva la maldición de Caín; su sombra errante planea sobre la triste España de nuestros días.

 

Atento a proclamar la excelencia de la gestión del Gobierno frente a la pandemia, Pedro Sánchez omitió toda referencia a las improvisaciones, los fallos de coordinación entre administraciones, las duplicidades y pifias en la adquisición de material sanitario o el imperdonable abandono de las residencias de mayores. Por no decir, nada dijo acerca de la falta de respiradores en número suficiente que habrían permitido salvar la vida a muchos de los infectados. Fue al debate a decir que el Ejecutivo que preside había sido pionero en hacer frente a la pandemia. Ni siquiera el abultado parte de bajas --el más elevado de Europa según el porcentaje de población-- frenó la loa a la gestión del Gobierno. En Sánchez parece haber arraigado la táctica jesuítica de aludir a los posibles errores cometidos pero sin atender a precisarlos. Que nadie espere de él ni de sus compañeros de viaje de Podemos que reconozcan que fue un error capital mantener la convocatoria de las marchas del 8M, alentando a miles de personas a participar en ellas ignorando las recomendaciones de la OMS.

 

Dijo que quería reeditar los Pactos de La Moncloa invitando a la oposición a explorar una vía de consenso sobre las medidas económicas y sociales que habrá que aplicar para hacer frente a la recesión económica que se anuncia para después de la pandemia, pero dicha iniciativa fue torpedeada por la intervención de Adriana Lastra. La portavoz parlamentaria del PSOE, con el sectarismo que acostumbra, a lo largo de una intervención que parecía haber sido escrita antes de escuchar a Pablo Casado, arrasó toda posibilidad de tender puentes con el Partido Popular, al que identificó con Vox.

 

La sonrisa de aprobación de Pablo Iglesias a lo largo de la intervención de Lastra era el test que desvelaba la insinceridad que oculta el ofrecimiento de pactos a la oposición. Lo que Sánchez ofrece a los partidos de la oposición en nombre del Gobierno que preside es un contrato de adhesión. Un acuerdo para que el PP y Ciudadanos --Vox se ha autoexcluido-- secunden sin criticar todas las medidas adoptadas por el Ejecutivo en la gestión de la pandemia. Lástima de ocasión perdida. Una más.

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