Se trataba de corregir todos esos desequilibrios. Pero, sobre todo, de modernizar el modelo heredado del franquismo mediante una reforma fiscal y del mercado laboral. Ahora, el presidente del Gobierno y sus medios afines evocan la necesidad de volver a reeditar esos pactos, ante el pavoroso panorama que nos está dejando la crisis del Covid-19 en la economía. No les falta razón a los que ven esta maniobra como un señuelo, algo así como una mutualización de responsabilidades, cuando ni siquiera se ha hablado con ellos.
Las medidas las ha tomado el Gobierno sin consultar. Son tardías y erróneas. Y sus primeras consecuencias ya las estamos viendo. Millones de parados y cientos de miles de empresas que han tenido que cerrar en apenas la última quincena de marzo, tras la primera declaración del estado de alarma. Sacar a colación los Pactos de La Moncloa, como evocar a Kennedy, me parece ensuciar la memoria de hechos o personas demasiado relevantes para acabar mezclándolos con lo bien que ahora los niños se lavan las manos.
Ojalá este país pudiera llegar a un pacto por la economía y la convivencia, con un punto de partida que pasaría ineludiblemente porque el Gobierno se desprendiera de sus tóxicos socios y asumiera con humildad sus errores. Una quimera.
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