Un país asfixiado entre el retroceso en derechos y la crisis humanitaria. Hace dos años los talibanes tomaron el control de Kabul, la capital afgana, y con ello consolidaron su regreso al poder tras hacerse con el control de varias ciudades. Todo en medio del retiro de las tropas de Estados Unidos y de la OTAN después de 20 años de incursión militar.
Si bien para 2021 Afganistan distaba mucho de ser un país estable, intentaba tomar un rumbo con gobiernos elegidos democráticamente y la población, especialmente las mujeres y niñas, habían recobrado derechos como el acceso a la educación y a los puestos de trabajo.
Además, los fuertes castigos físicos y las prohibiciones contra ellas, bajo la imposición de la Sharia, como hablar en voz alta en público, transitar fuera de sus hogares sin un pariente de sangre, mostrar cualquier parte de su cuerpo o asomarse a los balcones, parecían haber quedado en el pasado.
Hoy, 24 meses después de que el movimiento recobrara la dirección del territorio, las vejaciones son parte del presente.
Las mujeres, bajo el yugo de los talibanes
El segundo año del régimen talibán ha estado marcado por las prohibiciones de uso del espacio público por parte de niñas y mujeres afganas. En este tiempo se prohibió la entrada a parques, gimnasios, universidades y puestos de trabajo en organizaciones no gubernamentales, por "no portar el hiyab", el velo islámico, o "infringir las normas de segregación por sexos". Seguido por otras imposiciones como el cierre de salones de belleza.
Estas órdenes siguieron a una prohibición anterior, emitida en el primer año de gobierno talibán, la cual disponía que las niñas no fueran a la escuela más allá del sexto grado.
“No pensé que los talibanes se apoderarían de nuevo del país algún día, y después de que lo lograron, sus restricciones a las mujeres aumentaron día a día y nos causaron muchos problemas. En lo que a mí respecta, el 'día de la victoria' de los talibanes es el peor día para el pueblo de Afganistán”, afirmó a Reuters una joven afgana de 24 años, identificada como Hosna.
Los comportamientos restrictivos hacia las mujeres ya se habían visto en la década de 1990, cuando ostentaron el poder en el país.
Para el analista Karim Pakzad, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IRIS), consultado por France 24, hay opiniones divergentes entre el poder de facto: "algunos desean una mayor flexibilidad y compromiso con la comunidad internacional, y han llegado a posicionarse públicamente a favor del derecho de las mujeres a la educación".
El analista subraya que bajo el control talibán se han abierto dos posiciones claras en torno a los derechos de las mujeres, más impulsado por la necesidad del reconocimiento internacional. De un lado, está el líder supremo del movimiento islamista, el emir Haibatullah Akhundzada, que "representa, en cierto modo, a los talibanes históricos, ideólogos extremistas que propugnan la aplicación estricta de la Sharia".
Por otro lado, señala Karim Pakzad, se encuentran los ministros de Interior, Sirajuddin Haqqani, líder de la red homónima, y de Defensa, que "tienen una visión mucho más política. Buscan una forma duradera de gobernar y quieren mejorar el diálogo con los países extranjeros, y saben que esto implicará sobre todo la cuestión de los derechos de las mujeres".
En contraste a las críticas occidentales, el líder supremo talibán, Hibatullah Akhundzada, ha elogiado los cambios impuestos desde la toma del poder, afirmando que "la vida mejoró para las mujeres afganas tras la marcha de las tropas extranjeras y la vuelta a la obligatoriedad del hiyab".
La ONU afirmó que estas acciones eran un "obstáculo importante" para que los talibanes obtuvieran el reconocimiento internacional como gobierno legítimo de Afganistán.
En entrevista con France 24, Neil Turner, director nacional para Afganistán del Consejo Noruego para los Refugiados, quien se encuentra en Kabul, describió la situación humanitaria del país con "gravedad" y recalcó la necesidad de la ayuda humanitaria, especialmente para las mujeres y la población infantil.
Millones de afganos entre la crisis humanitaria y el éxodo
La organización de derechos humanos, Humans Right Watch, advierte que dos tercios de la población afgana está en riesgo y necesita "ayuda humanitaria urgente".
Varios factores como la guerra, los cambios meteorológicos y las medidas de los talibanes han agudizado el hambre y la inseguridad alimentaria en el país. Para esta organización, 28 millones de afganos necesitan asistencia humanitaria.
De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuatro millones de personas padecen desnutrición aguda y el 80% de los afectados son niños y niñas menores de 5 años.
El sistema de salud, que ya se encontraba bajo presión antes de la caída del gobierno afgano, elegido en las urnas y promovido por Estados Unidos, enfrenta presiones ante la falta de recursos económicos y de personal formado, como señala Médicos Sin Frontera a EFE.
En paralelo, este segundo aniversario, de acuerdo con ACNUR, llega con 2,3 millones de refugiados y solicitantes de asilo afganos en el mundo.
Entre fuertes medidas de seguridad en las calles de Kabul, capital de Afganistán, se conmemoró el segundo año de los Talibanes desde que volvieron al poder. Miembros del grupo fundamentalista y seguidores del movimiento salieron a las calles principales izando la bandera blanca inscrita con el Shahada.
Pero con su retorno la población afronta crisis humanas en varios frentes. Las mujeres han sido las más afectadas ante la implementación de ley Sharia, con la que han limitado su participación en la vida pública y en los espacios de poder.
A las celebraciones en Kabul, siguieron las críticas de activistas de derechos humanos, que calificaron la fecha de la entrada de los talibanes a Kabul como "un día negro en la historia de Afganistán", indicó en un comunicado la Red de Participación Política de Mujeres de Afganistán.
En un evento conmemorativo, el viceprimer ministro de asuntos administrativos del gobierno talibán, Abdul Salam Hanafi, culpó a EE. UU. de los crímenes cometidos en las dos décadas de invasión y que según sus palabras llevaron al país al borde del desastre. "Martirizaron a miles de afganos y convirtieron a cinco millones en adictos a las drogas", sostuvo.
Por su parte, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, instó a las autoridades de facto a mejorar las condiciones en que se encuentran los habitantes de la nación. "No es demasiado tarde para cambiar la trayectoria del país y para que los talibanes cambien sus políticas en el entendimiento de que el respeto y la protección de los derechos humanos son esenciales para la prosperidad, la cohesión y la estabilidad de la nación", remarcó.
Pero con el paso de los meses, los talibanes han ido emitiendo nuevos reglamentos con los que restringen cada vez más las libertades y eliminan los derechos, que en el pasado la población recobró.
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