Una agenda de la que no se recatan en incluir la reforma de otro delito: la malversación. Delito por el que en su día también fueron condenados los cabecillas del "procés" y por el que tienen abierta causa varias decenas de ciudadanos que participaron en aquella asonada. Desde ERC, el socio parlamentario que junto a Bildu facilitó al Gobierno la aprobación de los Presupuestos, exigen la modificación "quirúrgica" de la malversación -la expresión es de Gabriel Rufián- en la idea de que el apaño se ciña en exclusiva al ámbito de los afectados judicialmente por su participación en la sedición.
Malversación a la carta. Con Sánchez en las palancas de mando no hay que descartar que lo consigan para que Oriol Junqueras, el cabecilla de la intentona, pueda concurrir a las próximas elecciones aunque esté inhabilitado durante 13 años para ejercer cargo público porque el indulto anuló la prision pero no la pena por malversación. La malversación es el delito de corrupción clásico. Consiste en distraer el dinero público para beneficio propio o para allegar fines políticos -caso de los implicados en el "procés", en los ERES del gobierno socialista de Andalucía o en el caso "Púnica" que afectaba al PP-.
Reformar a la baja el delito como exige ERC, y Pedro Sánchez parece dispuesto a procurar, retrata una forma de hacer política alejada de todo escrúpulo democrático. Si tal reforma -quirúrgica o generalizada- sale adelante será un día triste para la democracia y Pedro Sánchez habrá culminado su enésima contorsión. Todavía se guarda memoria de cuando calificaba de rebelión lo sucedido en Cataluña. Ahora -lo ha dicho el día de la Constitución en una conversación informal con periodistas-, el Gobierno se abre a una "reforma limitada de la malversación". Más que ironía es un sarcasmo que estemos asistiendo a este tipo de maniobras por iniciativa de un Gobierno que llegó al poder tras la moción de censura que tumbó a Mariano Rajoy utilizando como palanca, y retorciendo la sentencia del caso "Gürtel", otro caso de corrupción.
Rufino Soriano | Jueves, 08 de Diciembre de 2022 a las 19:05:18 horas
Usted va y dice que "La malversación es el delito de corrupción clásico. Consiste en distraer el dinero público para beneficio propio o para allegar fines políticos" y yo me quedo perplejo. Pues porque pensaba que malversación era hacer versos malos. Por ejemplo: Don Pedro es un Presidente
que nos gobierna tan bien
que por eso aquí la gente
de puntuación le da 100.
Eso que yo digo sería mal-versación, por lo que afirmo es cierto, pero los versos son muy malos. Por eso opino que los míos, más que versos son ripios. Y entonces la malversación podía llamarse malripiación. ¿O no?
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