Su categórica y solemne afirmación dejó estupefactos a sus socios de Gobierno, anclados en considerar que Estados Unidos es un peligroso imperialista, y su figura, incluso para los detractores más firmes, quedó rodeada de un halo de prestigio, sobre todo teniendo en cuenta que Putin ya había invadido Ucrania, al más tradicional estilo de tirano colonialista.
Eso era durante el verano. Ha llegado el otoño, las hojas se desprenden de las ramas de los árboles, y las promesas convincentes, las afirmaciones ante los organismos internaciones, parecen hojas que penden de un tallo reseco que al viento puede echar abajo.
De momento, en los Presupuestos Generales que Pedro Sánchez presenta no hay ningún atisbo de subida del gasto en Defensa. No creo que sea porque los diputados, y los ministros, y los funcionarios, se hayan subido el sueldo, no, porque eso es el chocolate de ese loro español que, cualquier día, se nos muere de indigestión de chocolate. Será porque no quiere enfadar a sus socios de Gobierno, o a los nacionalistas, que eso de la Defensa les parece que es algo así como dar dinero al okupa que va a invadir su territorio.
Naturalmente, la solemne afirmación tenía sus plazos (algo así como 1.200 millones de aumento cada año hasta 2029) pero que no aparezca ni un euro en los PGE de 2023, incita a pensar, incluso a los admiradores más acérrimos de Pedro Sánchez que, en su búsqueda de máximos, le parece poca cosa ser el Mentiroso más conocido de España y quiere ensanchar su fama a nivel mundial, mintiéndole a la OTAN.
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