Contemplar a la verborréica ministra de Hacienda decir todo lo contrario de lo que proclamaba el día anterior es uno de esos espectáculos que explican las causas por las que gente de talento y de valía -y en España hay bastantes- jamás se acercarán a la Política. Imagine usted, por un momento, a un científico conocido, a un jurista, a un filósofo o a un ejecutivo de trayectoria brillante, formar parte de un Gobierno donde se vería obligado a lanzar diatribas por la iniciativa de la oposición y, a las pocas horas, convertir lo admonitorio en virtud. Y todos los ministros a la vez, formando una imagen de rebaño sumiso y obediente, como señaló con tino en Antena3TV Vicente Vallés, y hablando todos de rebajas fiscales "selectivas". Vamos a ver, rebaño de tontos contemporáneos: en todos los países de la Unión Europea, los impuestos fiscales -todos, absolutamente todos- son selectivos porque se basan en que paguen más los que más tienen. En Suecia y en Alemania, en Grecia y en Dinamarca. Y en Estados Unidos. Y en Canadá. Y son selectivos, porque el que más cobra, más paga. El trabajador que cobra poco paga menos impuestos que el que cobra más, y el que es muy rico paga más impuestos que el rico a secas.
Por eso, intrínsecamente -explíquenle a María Jesús Montero, que es de Ciencias, lo que significa intrínseco- todos los impuestos fiscales son selectivos: todos. Repítanselo para que no siga haciendo el ridículo, porque que esté haciendo el ridículo la ministra de Hacienda produce la impresión de que el dinero que pagamos los españoles es un dinero que alguien se lo toma por montera, o por Montero, dado de que la responsable de la deuda de Estado más grande que ha tenido España -y que tendremos que pagar los españoles- se ha logrado siendo ministra de Hacienda doña María Jesús Montero. Ministra de Pedro I, El Mentiroso.
Rufino Soriano Tena | Domingo, 02 de Octubre de 2022 a las 12:46:22 horas
Permítame, don Luis, que le recomiende la lectura de ´Cabalgue su señoría, aunque critique la derecha´ cuyo enlace está en Google, Y leído que lo haya, le suplico que manifieste si está o no de acuerdo con lo que se dice. Advierte, si le place, el tono irónico en que está escrito.
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