Además de verse las caras los barmans, y compartir experiencias y pócimas, otro de los objetivos que tiene esta cita es ponerse en forma para ir a tono a la ceremonia de los premios ‘The World's 50 Best Bars’, que próximamente tendrá lugar en Barcelona. Así que entre Daiquiri y Mai Tai, o entre Mojito y Manhattan, allá cada uno con sus preferencias, los expertos ‘cocteleros’ van a intentar arreglar el mundo de los bares para que no se lo carguen los mandamases como ha pasado en la pandemia. Londinenses, parisinos, berlineses, romanos, cartageneros, atenienses, oslenses, limeños y madrileños van a compartir recetas para que la ‘pípol’ no se venga abajo en estos tiempos de sequía y saqueo al que nos tienen sometidos.
Pero como todo este sarao lo pone en marcha una industria tan polémica, sí que tengo curiosidad por saber qué pensará de este acontecimiento nuestro Ministerio de Consumo. Y lo cierto es que me encantaría saber si Alberto se va a mostrar feliz de que se realice este simposio en la capital de España o, por el contrario, va a decir Garzón en Twitter que está más cabreado que el mono del anís mientras se bebe a sus anchas una cerveza sostenible a la salud de sus pardillos.
Yo pienso -y esto la verdad es que es muy personal- que este hombre, como es tan dual, puede tirar por dos caminos. Lo mismo se achanta y se arrima al guateque, o se abronca y se marca un Andrew Volstead con la puesta en marcha de una nueva ley seca. O, como a todo quisqui, le da por ajumarse con sus colegas y posturearse en Instagram; o tira de cartera y se pone a grabar una serie documental para promocionar la kombucha y el tepache. O se pone cariñoso o le da por peteneras, o sea.
Aunque, siendo sinceros, veo más clara la segunda vía que la primera. Porque tirando de histórico, ¿por qué Garzón no se va a volver a pegar un tiro en el pie? No sería la primera vez. Alberto, el ministro de la prohibición, ya lo ha intentado con el turismo, con el jamón, con las casas de apuestas, con las cocacolas, con las Barbies… Así que, ¿quién dice que ahora no se puede meter con unos cuantos colegas que se reúnen en Madrid para hacer unos cócteles? ¿Va a desaprovechar Alberto la coyuntura? ¿Va a desperdiciar la ocasión de volver a meter la pata?
Yo, si fuera uno de estos barmans, estaría preparado para una de las dos cosas. O para recibir una denuncia por todo lo alto, o para que me envíen un burofax para ir a La Moncloa. Y montar allí una ‘The Big Reunion’ paralela. Oye, ¿quién sabe? A lo mejor se ponen todos muy contentos y les da luego por decir verdades como hacen los niños. O, pensándolo mejor, como hacen los otros.
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