Érase una vez una fiesta con noctambulía en salones escondidos de palacios gubernamentales, desde Kesäranta en Finlandia a Moncloa en España, pasando por Buckingham en Gran Bretaña y el Kremlin, en Rusia, entonces se convocó una noche a lo más granado de la política euroasiática para ver quién era más fantasma.
Aparecieron espectros, como el de Boris Yeltsin, un ruso, que soltaba carcajadas por doquier mientras sujetaba un cubata de vodka tan transparente como su figura.
Otro tal Boris, de apellido Johnson, lo vio y se avino a decirle al oído: Ssshhh, vosotros habéis tirado el Muro, ¿qué te juegas a que saco al Reino Unido de la Unión Europea del bienestar más maravilloso? No, creo, no, respondió. ¿Que no? Sujétame los cubatas, dijo el inglés, porque llevaba dos vasos, uno en cada mano. El otro Boris se los bebió sin inmutarse y siguió riéndose. Anda que el Vladimir, el espía ruso, también se las trae, dijo luego, cuando le vio escondido tras unas cortinillas rojas.
En eso una primera dama finlandesa entraba danzando en la fiesta. ¿Quién son esos dos?, preguntó. Son los Boris, respondió una amiga. Vaya cogorza que tienen, dijo ella, mientras seguía bailando alrededor de una multitud de invitados que se había colado en la fiesta privada en un palacio sostenido por dinero público, con impuestos, ya sabes, querido nieto, quiénes pagan estas fiestas, pues era usado como discoteca para los amiguetes, igual que la bodeguilla o las playas con palacios de verano.
¿Y tú quién eres?, le preguntó una ministra española muy gritona. Yo soy Sanna, la de las saunas finlandesas, vaya, dije, saunas, jajaja, qué risa. ¿Y vosotras? Nosotras somos cuchipandis españolas, españolos, españoles. La finlandesa no entendió nada, pero les preguntó: ¿Y qué hacéis aquí? ¿Os habéis colado? Pues mira tía, jo, estábamos en New York, tía, saes, jo, y nos han enviado un wasap, oye, que hay una fiesta alternativa, chupiguay, en Helsinki, y entonces, jo, hemos cogido nuestro falcon y hemos venido a esta fiestota. Oye, pero están los rusos aquí cerca, ya estáis en la OTAN, claro. Jajaja, rio la premier, no importa, estamos de fiesta, es nuestro tiempo libre, nuestro palacio, nuestra noche... Oye dijo una lideresa comunista que iba con las cuchipandis, escucha, tía, que el Palacio no es vuestro, que es del pueblo,... Ah claro sí, por eso, por eso hacemos la fiesta aquí, porque hemos sido elegidos por el pueblo y todo esto es nuestro, por lo menos hasta que nos echen en otras elecciones, jajaja, si pueden, jajaja.
Espera, abuelito, ¿pueden hacer eso los mayores? Bueno, no, pero los políticos sí lo hacen, se creen que pueden tener derecho de pernada, aunque estemos en una democracia. Pues son unos sinvergüenzas. ¡Claro, claro! Bueno, sigamos con el cuento.
Entonces las otras ministrillas pues dijeron: A nosotras también nos gusta mucho esto tía, es que no pagamos nada, todo es gratis total, qué casualidad, ¡es chupi chupi! Oye, y el falcon qué es, preguntó la premier finlandesa. Jo tía, pues es ¡nuestro súper avión!, es que es nuestro también, claro, como el Palacio, jajaja.
En eso llegó otro primer ministro. ¿Y ese quién es? Uy, no lo sabes, es el presi de España. Es guay. Ha venido en otro falcon, ¡tenemos muchos en España! Pero sabes, tía, la plebe tiene que ir a las gasolineras y tiene que pagar la luz. Es que son proletariado. ¡Qué antiguos, hay que ver cómo habláis en España! Vale ¿y dónde está el falcon? Lo aparcamos aquí fuera, no te importa verdad. Claro que no chicas. Y no gasta mucha energía el falcon ese. Uy, no, qué va. Pregúntale, pregúntale al presi. En el falcon se va fresquito. Ponemos el aire y ya está. No, no, digo que si no gasta mucho combustible el falcon. ¿Qué, es que los aviones vuelan con combustible? No, no, no... qué va, vuela como los abanicos, dando aire, jajaja.
¿Y quién paga el aire acondicionado aquí, en Kesäranta?, entró murmurando el recién llegado, ajustándose el nudo de la corbata, ¡hace mucho calor! Mira que estos finlandeses, yo que estaba tan ricamente en la playita, con mis gambitas, mis baños y mi solecito, he venido porque claro, hay que socializar. ¡Hay que ahorrar chicas, hay que ahorrar, que el clima está cambiando! Es que parece verano... Estooo, pero, presi, es que realmente es verano, estamos en agosto, dijo alguien. ¡Ah, vaya! Claro, por eso, por eso.
Bueno, pues queda inaugurada esta fiesta, la gran fiesta del verano. En eso vinieron los Boris, se acercaron al español y le dijeron al oído: Ssshhh, a qué no te atreves a subir los impuestos a los españoles, tú les dices que es por el cambio, por el calentamiento y todo eso, ...es que tenemos calor, dijo un Boris. ¿No serán los cubatas?, reía el otro de los Boris. Pues eso, a ver si te atreves a subirles la luz, el gas, la inflación y luego sales a la calle y te haces unos mitines, que lo haces por ellos, por su bien, que para 2030 ya veremos, jajaja.
¿Qué no? ¡Sujétame la corbata! La próxima fiesta, en mi palacio, dijo. Y así fue como se la pasaron bomba, con cubatas y sin corbata.
Y así bajo los efluvios de los bebedizos, los invitados más preclaros seguían con sus discursos vendiendo licores de crecepelo y otras fantasías a sus abnegados seguidores, que veían la fiesta por la tele desde el salón de sus casas a 40ºC.
De las pócimas mágicas en el arte de gobernar la más estilada es la del engaño, pues no es de otra manera como se logran votos de incautos. Y, por ende, hay que ser atrevidos con las apuestas, sobre todo cuando de políticos altivos y vanagloriados de sí mismo se trata. Y así termina el cuento.
Umm, abuelito, el próximo, de brujas. No, no, que luego no duermes. Hala, hasta luego.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.17