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LUIS DEL VAL
Martes, 26 de Julio de 2022

La del pulpo 

Creo que descubrí el pulpo en Sangenjo, mucho antes de que conociera al que luego sería su alcalde, Telmo Martín, y debió ser al principio del decenio de los sesenta del siglo pasado. Descubrir puede que sea un término inapropiado, porque sabía lo que era el pulpo y lo había probado, pero fue allí, en las Rías Bajas, donde percibí lo que la materia prima y la cocina sin sofisticaciones podían lograr.

 
Durante muchos años, fuera de Galicia y sus feiras, el pulpo no era muy popular. Por eso mismo, me asombra que, ahora mismo, en la tasca más humilde del pueblo menos conocido te ofrezcan pulpo, algo que hasta no hace demasiado tiempo hubiera sido impensable. Naturalmente no es el pulpo de mi proustiano Sangenjo, ni mucho menos, sino una pieza hervida y congelada que, tras adquirir la temperatura del planeta Tierra, se tira sobre una plancha caliente, y se sirve. No importa. Lo que me asombra es que hoy mismo, por los lagos del norte de Italia, en cualquier pizzeria, trattoria o ristorante del pueblo más pequeño tengan pulpo en la carta. En España puede haber unos doscientos mil establecimientos, entre bares, cafeterías y restaurantes, que te ofrezcan pulpo. Calculo las decenas de miles de lugares en Italia, donde también, todos los días, echan sobre planchas y brasas toneladas de pulpo. ¿De dónde sale tanto pulpo? ¿Ha habido una revolución tecnológica y ya hay fábricas de pulpo, como existen fábricas de automóviles? Los oceános índicos, pacíficos y demás parientes ¿se están quedando sin pulpos?
 
Para mí es un misterio. Sería el mismo misterio que si, de repente, las ostras o las almejas fueran un aperitivo cotidiano en las tabernas de cualquier villorrio. Me consta que existen misterios más interesantes y estimuladores, pero comprobar que Italia también se ha sumado a la depredación del pulpo, me llena de inquietud. A ver si sale Miguel Bosé y nos explica que el pulpo lleva un microchip puesto por Putin, por Estados Unidos o por los chinos para controlarnos. Me costaría menos admitirlo que entender de dónde salen, todos los días, toneladas y toneladas de este misterio que me parece "el enigma del pulpo".
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