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DAVID LAVILLA
Lunes, 27 de Junio de 2022

La velada de Ibai

Se ha pegado de leches Bustamante en ‘streaming’ contra un ‘youtuber’ y el espectáculo lo han visto más de tres millones de personas. Ha sido el duelo de boxeo más seguido por Internet. Al menos en España. La audiencia incluso ha superado con creces a la de los reyes de la telebasura. Y a la de todos los medios financiados por el Gobierno.

 
Ibai, el jefe de la cosa de la web, ha montado un espectáculo vía Twicht que ha batido récord de usuarios. La Velada, la ha llamado. Ya van dos ediciones. Si sigue así va a reventar él solo el negocio a las televisiones que viven de las subvenciones y del chascarrillo. Porque ahora Ibai les ha mostrado a todos un nuevo camino para generar dinero. Y el que no lo quiera ver, que se compre unas gafas de leer. 
 
El contenido no es que sea algo sobrenatual, no. Pero al menos no es la patraña que hace ‘Jorge Ja’. Y eso ya es mucho. Cierto es que la propuesta de Ibai se puede mejorar, pero el caso es que ha dado una ‘máster class’ en ‘streaming’ a todos los que dicen ser cracks del mundo del marketing y cobran cientos de miles de euros al año por hacer las mismas majaderías de siempre. Y llegan a abstenerse incluso de dar paso a los jóvenes, que son los que verdaderamente están puestos en las nuevas tendencias virtuales.
 
Antes el cóctel del éxito en la televisión era bien sencillo. Al menos para esos cracks que ya están demodé. Encerraban a veinte personas para maltratarse en el interior de una casa, o al aire fresco de una isla, y luego vivían del cuento todo el año. Pero ahora ya no va a funcionar. Al menos a medio plazo. Primero, porque la gente ya empieza a hartarse de los mismos bocachanclas de siempre, que no hacen nada productivo, ni entretenido, ni mucho menos moral. Segundo, porque la misma historia contada muchas veces por los mismos becerros de toda la vida ya harta al rebaño. Tercero, porque la audiencia se está mudando a la ficción que proponen las plataformas como Netflix, Disney, Amazon o HBO. Cuarto, porque el modo de consumir lo audiovisual ya no consiste en sentarse frente a la tele y observarla sin poder interactuar con el contenido. Quinto, porque el público transmediático cada vez es más original e interactivo, como dice Henri Jenkins, y el soporte convencional que ofrece la televisión de siempre no es propio de este nuevo siglo. Sexto, porque la nueva audiencia no tiene la necesidad de hacer lo que les diga un desfasado mental que solo se dedica a insultar y a espiar a sus invitados o, peor, a sus propios compañeros… Y así podríamos seguir dando tantas razones de peso como para realizar varias tesis. Pero ese no es ahora el caso. Al menos de momento.
 
Así que, con todo este panorama digital, resumido en solo seis puntos para no aburrir en demasía al personal, solo cabe destacar que parece que las cosas están cambiando tanto que el queso donde antes comían las momias del marketing se ha movido definitivamente de lugar, tal y como dice en su libro el propio Spenser Johnson. Y es que ahora hay otro queso más grande aunque, si siguen los mismos jetas de siempre manejando el cotarro, no se lo van a comer. 
 
Sobre todo teniendo en cuenta que estos mismos caraduras no hace mucho han visto cómo la industria musical ya vivió una transformación digital semejante, y de la que podían haber tomado buena nota. Y, si todavía no se han dado cuenta, que le pregunten a los sellos discográficos qué supuso para ellos el boom de Napster, y qué es lo que supone para los que han sobrevivido al tsunami musical algunas plataformas como Spotify, SoundCloud o Apple Music.
 
Pero Ibai sí que lo ha visto todo claramente antes que ellos, sí. Y ha sido capaz de darse cuenta de qué es lo que demanda el prosumer, como diría Alvin Toffler, en la era del contenido digital. Bien es cierto que observado desde la lejanía parece que este ‘twichtero’ está haciendo algo muy distinto a lo que hay. Pero no. Y es que lo mejor de todo es que solo por intuición u observación está dedicándose a hacer las mismas cosas de siempre, pero con alguna innovación en el contenido y en la plataforma donde se vierte. 
 
Es verdad que ese nuevo modelo que ha generado se está alejando del género rosa mugre que estaba inundando las pantallas, y está utilizando otro contenido como gancho. Pero la receta no dista mucho de lo convencional. Hay una persona al mando que tiene muchos seguidores. Se le han sumado otras que también tienen muchos fans. Ha generado un evento máximo en un lugar concreto donde ha congregado a multitud de espectadores. Ha usado una plataforma donde la audiencia virtual se puede conectar e interactuar de forma instantánea. Ha buscado patrocinadores para financiar el evento. Y, al finalizarlo, se va a dedicar a generar más contenido con todo aquello que ha ocurrido entre bambalinas para poder seguir cebando al gran público hasta hacer otro nuevo evento. Y así girar, y girar, hasta que la tuerca le dé. 
 
Así que, nada nuevo pero, eso sí, todo evolucionado. No parecía tan complicado de ver. Sobre todo para los que estaban al tanto. Pero como de todo se aprende, y de las cosas mal hechas aún mucho más, la lectura final de toda esta velada puede tener dos enseñanzas para el mundo de la comunicación:
 
La primera es que hay que los medios multimedia tienen que ser más humildes porque les ha dado una clase magistral una persona que aún no ha terminado sus estudios de periodismo. 
 
La segunda, y esto es lo peor, es observar cómo muchos alumnos muy bien formados en comunicación están queriendo entrar en este mundo para proponer nuevas ideas con un sueldo digno y no les dejan ser más que becarios por un tiempo. Aunque luego, finalmente, por su propio bien, muchos de ellos terminan por emprender con el objetivo de ganarse la vida y poder llegar a ser al menos ellos mismos.
 
Y realmente esta segunda enseñanza en sí misma una buena noticia, aunque parezca que no. Porque hay personas que, muy a pesar del contexto económico, y a las múltiples trabas que le pone en el camino este gobierno que les ha tocado vivir, deciden perseguir sus sueños para tratar de hacerlos realidad. Y es que, gracias al cielo, hay infinidad de personas con nuevas ideas que han decidido ponerse a trabajar libremente para poder cambiar definitivamente las cosas. De forma muy rápida. Casi en un abrir y cerrar de ojos. O durante el transcurso de una velada. Como la de Ibai.
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